Activistas de Greenpeace Colombia despliegan una gran pancarta en la playa de Santa Marta, Colombia, con el lema «Sol y viento: El futuro energético», durante la Primera Conferencia sobre la Transición hacia fuentes de energía renovables, organizada por los gobiernos de Colombia y los Países Bajos. © Sergio Calderón Cortés / Greenpeace.

Por Laura Caicedo, coordinadora de campañas de Greenpeace Colombia. 

Estoy escribiendo esto con los pies todavía llenos de arena de Santa Marta y el corazón más lleno que cuando llegué porque venir a la costa siempre me llena de motivación. Esta semana participé en la primera conferencia internacional para transicionar fuera de los combustibles fósiles. 

Laura Caicedo, coordinadora de campañas de Greenpeace Colombia en la playa.
© Camilo Noriega / Greenpeace

Un espacio que esperábamos no fuera un foro de declaraciones sino una conversación sobre cómo hacerla posible, con la participación de más de 50 países del mundo, en una conversación que reunió comunidades locales, organizaciones de la sociedad civil, pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes, académicos, centros de pensamiento (Think Tanks), instituciones intergubernamentales, y muchos actores más para hablar de algo tan central como la energía.

Una ciudad que lo dice todo:

© Camilo Noriega / Greenpeace

Santa Marta no es un escenario neutro, sino una ciudad caribeña custodiada por la Sierra Nevada, el macizo litoral más grande del planeta y de donde nacen las cuencas de agua que abastecen a toda la región y viven pueblos indígenas que la conocen y protegen. Pero también es una ciudad golpeada por la crisis climática, recordemos que hace poco, un mar de leva trajo toneladas de plástico a sus playas, afectando especies y arrebatándole el sustento a las personas que dependen del mar. Recordando que el plástico también ha sido un gran impacto que han dejado los fósiles.

© Camilo Noriega / Greenpeace

Hablar de transición energética aquí, en una región con una de las radiaciones solares más altas de Colombia y viento que no para, hace la pregunta inevitable ¿qué estamos esperando y quién se está beneficiando de que esperemos la transición?

Por eso fuimos a la playa y escribimos en la arena:

SOL Y VIENTO: FUTURO ENERGÉTICO

© Sergio Calderón Cortés / Greenpeace.

Lo que construimos juntos:

Durante dos días trabajé junto a organizaciones de sociedad civil, pueblos indígenas, academia e instituciones de toda América Latina, en el 5to retiro de Organizaciones de Sociedad Civil de LATAM, construyendo una definición conjunta de lo que deben contener las hojas de ruta  para detener la deforestación y para transicionar afuera de los combustibles fósiles de nuestros países. Llegamos a acuerdos concretos sobre participación ciudadana, financiamiento, trazabilidad de productos y gobernanza de nuestros bosques para que valga más el bosque en pie que destruido y que la transición sea con, por y para las personas.

No fue fácil. La deforestación y los problemas energéticos no se experimentan de la misma manera en todo el mundo. En el caso de la deforestación, Latinoamérica produce gran parte de lo que el mundo consume, como carne, soja, madera, minerales, entre otros productos básicos; sin embargo, hoy en día, debido a la falta de regulación, información y trazabilidad, esta producción destruye ecosistemas vitales para la vida, pone en peligro nuestro agua y especies únicas, y genera toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero. Escuchar esto directamente de las voces de quienes lo viven en sus propios territorios le da mayor peso y un rostro humano que cualquier estadística.

© Camilo Noriega / Greenpeace

Lo que pusimos sobre la mesa desde Greenpeace fue simple, que las comunidades no pueden seguir siendo las últimas en enterarse de las decisiones que afectan sus territorios.

Lo que me quedó:

Lo más importante no ocurrió en las salas de trabajo. Ocurrió en las calles, hablando con taxistas, estudiantes, vendedores. Cuando les preguntamos si les gustaría que la energía de su casa viniera del sol que les cae encima todo el año, que fuera más accesible y económica y la respuesta era siempre la misma: Claro. ¿Qué se necesita para que pase? ¿Cómo nos afecta?

Esas preguntas son las que desde Greenpeace llevamos a cada espacio de decisión, representando a miles de personas que no pudieron estar aquí pero que tienen todo el derecho de que alguien lo diga. Quedan cuatro años para llegar a 2030 y lograr las metas de deforestación cero y reducción de emisiones a partir de la transición energética justa. Cuatro años para que los gobiernos conviertan intenciones en hojas de ruta reales, con metas claras y participación genuina. No es mucho tiempo.

Nos vamos con más claridad que cuando llegamos, y con la misma convicción de siempre: esta conversación no puede seguir siendo solo de expertos.

¿Quieres ser parte? La transición energética justa y la protección de nuestra Amazonía se construye con más personas exigiendo, preguntando y participando.

Súmate a Greenpeace Colombia, firma y ayúdanos a hacerlo posible.