
Cada 17 de mayo volvemos a celebrar el Día Mundial del Reciclaje porque sigue siendo una herramienta central cuando de gestión sostenible de las ciudades se trata.
© Manuela Clemens / Greenpeace
De hecho, es una de las llaves para destrabar el mal manejo de los residuos -factor que alimenta la triple crisis planetaria que atravesamos- y que cada año acumula 2,1 mil millones de toneladas de basura en los municipios de todo el globo. De ese total, una tercera parte no se gestiona de manera sustentable, según el Programa de Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP).
Si bien el reciclaje es una parte importante de la solución, no puede seguir siendo la única respuesta frente a una crisis causada por la sobreproducción de plásticos. Es urgente que los gobiernos avancen en medidas efectivas para reducir la producción global de plásticos, especialmente los de un solo uso, y que fortalezcan mecanismos de responsabilidad extendida del productor, para que las empresas se hagan cargo de los impactos que generan durante todo el ciclo de vida de sus productos.
Esto implica impulsar sistemas de reutilización, priorizar envases realmente reciclables y garantizar que los materiales que se ponen en el mercado efectivamente se recuperen y reciclen, en lugar de terminar contaminando ríos, océanos y rellenos sanitarios. En Colombia ya contamos con una Ley que busca eliminar los plásticos de un sólo uso a 2030, sin embargo, no tenemos la posibilidad de acceder a cifras públicas que nos hablen de su avance y cumplimiento. A nivel global, el Tratado Global de Plásticos representa una oportunidad clave para transformar de fondo este modelo insostenible.
El rol de la ciudadanía siempre es clave, desde el reciclaje en casa, hasta la exigencia de la implementación efectiva de leyes nacionales y acuerdos globales que permitan solucionar de raíz esta problemática.
A través de los años, mucho se ha escrito y dicho al respecto. Por eso hoy vamos a ir un paso más allá de las reglas básicas para empezar a reciclar y nos vamos a adentrar en el material más desafiante: el plástico.
El reciclaje de plásticos

El primer gran problema con el plástico es la cantidad excesiva que usamos día a día, en todos los ámbitos por igual. El segundo gran problema, es el carácter descartable que tienen esos objetos, que se convierten en basura a un ritmo irrisorio.
Así es como en nuestro país se produce al año aproximadamente 1,4 millones de toneladas de residuos plásticos, de los cuales sólo alrededor del 25% es reciclado gracias a la labor de personas recicladoras a nivel nacional. El resto termina incinerado, en rellenos sanitarios, vertederos informales o directamente en cuerpos de agua.
Uno de los resultados más críticos de esta marea plástico que no damos abasto a reciclar es el que ocurre con el Río Magdalena que libera alrededor de 2.100 toneladas de microplásticos al año en el Mar Caribe, afectando las zonas aledañas, comunidades pesqueras y convirtiéndose en un problema de salud pública al ingresar a nuestros cuerpos.

Pero debemos ser claros en esto: los plásticos son desastrosos desde su extracción hasta su disposición final. Los plásticos dañan nuestra biodiversidad, afectan negativamente la salud humana y contribuyen al cambio climático. Los microplásticos se han encontrado en nuestros pulmones, sangre, placentas, leche materna y cerebro, e impactan negativamente a más de 690 especies marinas. Si no actuamos de manera urgente, nuestros océanos se convertirán en vertederos permanentes.
Es por ello que además de optimizar al máximo la posibilidad del reciclaje, debemos detener la producción desmedida de plásticos y exigir una transición real hacia alternativas sostenibles. Si no se controla, la producción de plástico podría triplicarse para 2050.
Este ejemplo ilustra hasta qué medida el proceso de reciclaje -siempre perfectible- encuentra sus propios límites, pero continúa siendo sumamente necesario por su infinito potencial para ayudar, unido a un entramado más amplio de medidas que involucren a toda la sociedad, a descontaminar y regenerar nuestro planeta. Estamos a tiempo. Apostemos por un mundo con más reciclaje.
El ciclo de vida completo del plástico está envenenando nuestra salud.
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