Muchas veces, la destrucción se esconde en lo que consumimos.

Hay algo sobre la carne que llega a tu mesa cada día que no te están contando. Ese silencio no es inocente porque, al mantenerlo, te convierten a ti, con cada compra, en cómplice involuntario de la destrucción del hogar de cientos de animales, entre ellos, el jaguar, el delfín rosado y la guacamaya bandera, y de toda la vida que depende de la Amazonía.
Si bien ésta es la triste realidad que transcurre a espaldas de todos los colombianos y colombianas, entre todos también podemos hacerla empezar a cambiar. La herramienta para lograrlo es un proyecto de ley que está avanzando y que puede hacer visible el origen de la carne. Pero, para que se haga realidad, necesitamos del poder de toda la ciudadanía.
Por eso, hoy más que nunca, reivindicamos que la información es poder y te contamos todo lo que tienes que saber sobre la verdad oculta detrás de la ganadería en nuestro país.
Ganadería y deforestación: la amenaza más urgente para los animales de la selva

La información que se esmeran por esconder es que gran parte de la carne que llega al mercado se produce deforestando la selva. En otras palabras, que en pos de abastecer a la demanda, la ganadería extiende su frontera a cualquier costo, incluso al de transformar inmensas áreas de selva en pastizales donde poner su ganado a pastar, áreas no aptas para dicho uso.
Con cada hectárea que se deforesta, ecosistemas enteros desaparecen o se ven gravemente afectados, poniendo en peligro la subsistencia de miles de animales, aves, plantas, insectos y hongos -muchos de los cuales sólo existen en esta parte del mundo-. Entre ellos, están las especies más emblemáticas y delicadas de la selva, como el jaguar, el delfín rosado y la guacamaya bandera.


Al mismo tiempo, nuestra agua y estabilidad económica y climática también tambalean, toda vez que dependen de una Amazonía estable y con árboles en pie. Debido a que la Amazonía abastece el agua que irriga al Río Magdalena, las montañas de los Andes y diversas áreas del país y el continente.
Quienes operan en la oscuridad cuentan con que la ciudadanía no sepa de dónde viene la carne que consume, porque saben que si supiera rechazaría ser parte de este sistema.
Nunca fue tan claro, la información es la herramienta clave y más poderosa para que esto empiece a cambiar. Por todo esto, exigimos conocer el origen de nuestros alimentos, sin secretos, para decidir nuestro consumo sin destruir.
Una ley que protege nuestro derecho a saber
La buena noticia es que el Congreso está discutiendo la ley de Ganadería Libre de Deforestación, que podría darnos esta información y, por primera vez, permitirnos saber el origen en las cadenas de la carne. De esta manera, podríamos saber de dónde viene realmente lo que consumimos.
Aún están pendientes pasos clave de aprobación en el proceso legislativo. Primero, el texto debe ser conciliado entre el Senado y la Cámara de Representantes, y posteriormente enviado para sanción presidencial. Solo entonces se convertirá en ley de la República.
Estamos ante una oportunidad única, que no estará abierta para siempre. Tenemos tan sólo dos meses y medio para lograr que se convierta en ley.
Apoya la ley que permite saber el origen de la carne y hace posible defender la Amazonía
Súmate ahoraConsumamos carne o no necesitamos que esa ley se sancione, se implemente y que supermercados y frigoríficos la cumplan.
Transparencia en la información y consumo responsable: la mejor manera de cuidar a los animales de la selva
En definitiva, cuando apoyamos esta ley -que nos garantiza transparencia en la información de lo que consumimos-, lo que verdaderamente estamos haciendo es tomar en nuestras manos el cuidado del hogar del jaguar, para que deje de vivir acorralado, del delfín rosado, para que nade en los ríos, y de la guacamaya bandera, para que tenga árboles donde anidar, alimentarse y prosperar.
Porque cuando podemos ver el origen de la carne, podemos decidir sin destruir. Y cuando la ciudadanía reclama ese derecho, abre un camino real para proteger a las especies que sostienen el equilibrio natural de Colombia. Menos secretos, más selva. Que no te vendan la selva por carne.



