
En junio de este año logramos una gran victoria ciudadana: la aprobación de la Ley de Ganadería Sostenible y Libre de Deforestación (la nro 2585 de 2026), una iniciativa clave para frenar la deforestación en el país, en particular en la Amazonía colombiana.
Se trató de un paso histórico hacia la transparencia en la cadena de producción de carne porque permite, por primera vez, rastrear su origen y visibilizar su impacto ambiental a través de la interoperabilidad de los sistemas de agricultura, ambiente y catastro. La ley abre una oportunidad para hacer efectivo algo fundamental: que la ciudadanía pueda acceder a información y comprobar si las cadenas están realmente libres de deforestación.
Ahora, hay que dar un paso más y exigir que la ley pase del papel a la práctica y funcione de verdad y, para lograrlo, tenemos los días contados. La cuenta regresiva ya está en marcha.
Corre el tiempo de descuento: tenemos hasta diciembre para que el sello “libre de deforestación” no termine siendo sólo una etiqueta vacía

La primera ventana decisiva da tiempo hasta diciembre: a fin de año vence uno de los primeros plazos clave de implementación, cuando deben quedar definidas las condiciones para acreditar a los productores libres de deforestación. Es decir que, el Ministro de Ambiente y el Ministro de Agricultura tienen 4 meses para reglamentar, con convicción y transparencia, el sello de carne libre de deforestación.
En la forma en que lo reglamenten se jugará si termina siendo solo una etiqueta o si, por el contrario, se convierte en una herramienta real para proteger la Amazonía, sus Parques Nacionales Naturales, sus especies y las comunidades que dependen de estos territorios.
Lo cierto es que todavía existe el riesgo de que el sello exista, pero no funcione: que diga “libre de deforestación” sin permitir verificarlo de manera clara, pública y confiable. En otras palabras, sin información pública, la ciudadanía compra a ciegas. Sin trazabilidad, la deforestación se esconde. Sin verificación, el sello no protege la Amazonía.
Habrá un sello, pero todavía quedan preguntas decisivas: ¿podremos saber de dónde viene el ganado? ¿Qué información será pública? ¿Se podrá seguir su recorrido por toda la cadena? ¿Quién comprobará que el sello dice la verdad?
El sello es la cara visible. Lo que realmente determinará si funciona es el sistema que haya detrás: trazabilidad, información pública, verificación y responsabilidad de toda la cadena.
Por eso, la presión pública sigue siendo clave.
Firma para exigir al Ministro de Ambiente y al Ministro de Agricultura un sello público, trazable y verificable antes de diciembre.
¿Qué necesita un sello que realmente proteja la amazonía?
Para Greenpeace, no alcanza con poner una etiqueta. Detrás del sello debe existir un sistema que permita comprobar lo que promete:
📌 Saber qué significa “libre de deforestación”. Las reglas deben ser claras y no permitir que se considere libre de deforestación una cadena vinculada con pérdida de bosque o actividades incompatibles con áreas protegidas.
📌 Poder seguir el origen del ganado. La trazabilidad debe cubrir toda la cadena y no quedarse únicamente en el último proveedor.
📌 Tener información pública. La ciudadanía debe poder acceder a información suficiente para comprobar si un producto realmente cumple lo que dice.
📌 Verificar y actuar frente al incumplimiento. No puede bastar una declaración: debe haber controles independientes y consecuencias cuando la información sea falsa o no se cumplan las reglas.
📌 Proteger a pequeños productores y exigir responsabilidad a las empresas. La transición debe ser justa para quienes producen a pequeña escala, mientras frigoríficos, comercializadores y otros grandes actores de la cadena deben responder por sus proveedores.


