En el Día Internacional de la Diversidad Biológica, Greenpeace Colombia alerta sobre la presión que enfrentan especies como el jaguar, la nutria gigante y el águila arpía, cuya supervivencia depende de mantener los bosques y ecosistemas amazónicos en pie.

Bogotá, mayo de 2026. La biodiversidad no es únicamente la cantidad de especies que habitan un territorio. También es la red de relaciones que permite que un ecosistema funcione. Cuando un bosque desaparece, esa red comienza a romperse: se pierden hábitats, se fragmentan los territorios, se alteran los cuerpos de agua y las especies quedan cada vez más expuestas.
En la Amazonía colombiana, esta realidad puede verse a través de tres especies que cumplen roles fundamentales en los ecosistemas y que hoy enfrentan distintas presiones asociadas a la transformación de sus hábitats: el jaguar, la nutria gigante y el águila arpía. Las tres tienen algo en común: necesitan bosques y ecosistemas conservados para sobrevivir. Y las tres muestran que hablar de deforestación es también hablar de biodiversidad.
Cuando desaparece el bosque, también desaparece el territorio del jaguar
El jaguar (Panthera onca), el felino más grande de América, es un depredador tope que contribuye a regular las poblaciones de sus presas y al equilibrio de los ecosistemas. En Colombia, la Amazonía constituye uno de los principales territorios para esta especie. Sin embargo, la deforestación y la fragmentación del bosque reducen el hábitat disponible y la conectividad entre poblaciones. La expansión de la frontera ganadera es una de las presiones que contribuyen a esta transformación.
Un jaguar necesita grandes extensiones de territorio y una base abundante de presas para sobrevivir. Cuando el bosque se convierte en pastizales, su territorio se fragmenta y aumentan también las posibilidades de conflicto con las comunidades humanas. Proteger al jaguar significa, por tanto, proteger el bosque que necesita para vivir y los corredores que permiten que sus poblaciones permanezcan conectadas.
La nutria gigante: cuando la deforestación también llega al agua
La nutria gigante (Pteronura brasiliensis), una especie en peligro, es uno de los grandes depredadores de los ecosistemas de agua dulce de la Amazonía y el Orinoco. Su supervivencia depende de ríos, caños, lagunas, humedales y bosques inundables. Necesita vegetación en las orillas para refugiarse y construir sus madrigueras, además de aguas saludables y suficientes peces para alimentarse.
Por eso, la deforestación también tiene consecuencias sobre esta especie cuando elimina la vegetación ribereña, favorece la erosión y aumenta la sedimentación de los cuerpos de agua. La transformación de las orillas y la contaminación también deterioran las condiciones de los ecosistemas de los que depende.
La presión no termina allí. La minería ilegal puede incorporar mercurio a los ríos, un contaminante que se acumula en los organismos a lo largo de la cadena alimentaria y representa una amenaza para especies que, como la nutria gigante, se encuentran en los niveles superiores de esa cadena. La historia de la nutria gigante recuerda que un bosque amazónico no termina en la orilla de un río: el bosque y el agua hacen parte del mismo ecosistema.
Sin grandes árboles, el águila arpía pierde su hogar
En las copas del bosque habita otra de las grandes especies de la Amazonía: el águila arpía (Harpia harpyja), considerada el mayor depredador del dosel de los bosques neotropicales.
Esta especie necesita grandes extensiones de bosque continuo y árboles emergentes para construir sus nidos, que pueden ubicarse entre los 20 y 40 metros de altura. La pérdida y fragmentación de estos bosques, asociada entre otras causas a la expansión de la frontera agropecuaria, pone en riesgo los espacios que necesita para sobrevivir y reproducirse.
Sus características hacen que cada pérdida tenga un peso importante. Las águilas arpías tienen una tasa reproductiva lenta: construyen sus nidos en grandes árboles, ponen pocos huevos y normalmente solo uno de los polluelos sobrevive. Por eso, la desaparición de un árbol que puede parecer aislada desde el suelo puede significar mucho más para una especie que depende de esos gigantes del bosque para reproducirse.
“La biodiversidad no está separada de las decisiones que tomamos sobre el territorio. Cada hectárea de bosque que se transforma puede significar la pérdida de alimento, refugio, corredores y lugares de reproducción para especies que cumplen funciones esenciales dentro de los ecosistemas. Por eso, proteger la Amazonía exige saber qué está pasando con sus bosques, detener su transformación y garantizar que las actividades productivas no sigan avanzando sobre ellos”, señala Laura Caicedo, coordinadora de Campañas de Greenpeace Colombia.
En este Día Internacional de la Diversidad Biológica, Greenpeace Colombia hace un llamado a mirar la Amazonía más allá de sus árboles. Protegerla significa proteger las relaciones que sostienen la vida: los depredadores que regulan los ecosistemas, los ríos que conectan territorios, los árboles que sirven de hogar y las especies que dependen de ellos. La biodiversidad no se pierde únicamente cuando desaparece una especie. También se pierde cada vez que destruimos el lugar que necesita para vivir.


