
Las cifras son alarmantes: durante septiembre se reportó un balance nacional de 416 incendios en 203 municipios de 18 departamentos, con más de 26.500 hectáreas afectadas en el mes de septiembre, según datos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
© Mariano Vimos Greenpeace
Por su parte, Tolima registró la mayor afectación, con cerca de 12.900 hectáreas y 104 eventos en 35 municipios. Le siguieron Norte de Santander, con más de 3.700 hectáreas; Valle del Cauca, con aproximadamente 2.320; Huila, con cerca de 1.830; Boyacá, con alrededor de 1.600; Vichada, con 1.100; y Cundinamarca, con cerca de 1.000 hectáreas afectadas.
En tanto, en las regiones Andina y el suroccidenteseptiembre las llamas alcanzaron ecosistemas estratégicos y áreas protegidas como el Parque Nacional Natural Los Nevados (donde se perdieron más de 20 hectáreas de páramo, según un reporte preliminar) y el Santuario de Fauna y Flora Iguaque en Villa de Leyva, Boyacá (715 hectáreas quemadas).
La situación se agudiza bajo un fenómeno de El Niño en fortalecimiento, del que se espera que cobre su mayor intensidad durante el último trimestre de 2026 y que se prevee tenga impactos en el país hasta finales de marzo del 2027. Vale decir que las altas temperaturas, la biomasa seca, las menores lluvias y las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño pueden favorecer la propagación de los incendios, pero no los originan por sí solas ni explican la magnitud de sus impactos. Aquí es clave recalcar que los incendios son producidos por seres humanos y los factores climáticos y ambientales aumentan su riesgo.
Los animales, víctimas del fuego
Detrás de la noticia dura, la biodiversidad sufre: la vegetación de páramos, bosques andinos y altoandinos, bosques de niebla y seco tropical, en matorrales y coberturas transformadas arde hasta desaparecer, y los animales que los habitaban mueren quemados o quedan heridos y pierden sus hogares.
El caso de los incendios en Tolima es un ejemplo del sufrimiento de la fauna ante las llamas: 37 animales silvestres recibieron atención de los cuales 22 permanecían en el Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre, seis habían sido liberados y nueve murieron pese a la atención veterinaria. Entre ellos había ocelote, zarigüeya, borugo, iguana, oso hormiguero, armadillo y azulejo, según información oficial de Cortolima.
Lamentablemente ésta es una muestra parcial porque el número de animales afectados excede este registro, debido a que la fauna más visible no necesariamente es la más afectada. Por ejemplo, los reptiles, anfibios, pequeños mamíferos e invertebrados que tienen menor capacidad de desplazamiento, suelen tener menos chances de sobrevivir.
El impacto para ellos continúa después del control del incendio, cuando los animales deben sobrevivir en paisajes con menos refugio, alimento y agua y los ecosistemas deben reconstruir estructuras que, en algunos casos, tardaron décadas o siglos en formarse.
Más de cerca: ¿qué otras cosas destruye un incendio?
Cuando el fuego atraviesa un bosque no desaparecen únicamente árboles y los animales. Las llamas también arrasan:
🔥Cavidades utilizadas por aves y mamíferos,
🔥Plantas epífitas (musgos, líquenes, orquídeas, helechos, bromelias),
🔥Hongos
🔥Microorganismos y la capa húmeda de hojarasca de la que dependen anfibios, reptiles e invertebrados.
🔥La función del ecosistema que permite la polinización y la dispersión de semillas, y ofrece alimento, refugio y espacios de reproducción.
🔥La conectividad. Un área quemada puede separar fragmentos antes continuos y obligar a los animales a atravesar potreros, carreteras o zonas habitadas para encontrar alimento y refugio.

Y, otro punto central a tener en cuenta es que, cuando se quema un páramo o un bosque además de árboles y animales, hay otro costo del que poco se habla y que incluye el deterioro de las funciones ecológicas que almacenan y regulan agua, frenan la erosión, almacenan carbono, permite la polinización y la dispersión de semillas (vitales para la capacidad de recuperación de territorios fundamentales) y sostienen las redes de vida de las que también dependen millones de personas.
Después del fuego, las complicaciones no desaparecen
Una vez que se apaga un incendio, la emergencia inmediata termina pero los problemas continúan. Los animales quedan desplazados. Si, de entre ellos, no vuelven los dispersores de semillas y polinizadores (aves, murciélagos, insectos y mamíferos frugívoros) que son necesarios para recuperar la vegetación, la regeneración puede hacerse más lenta o cambiar de trayectoria. Lo mismo ocurre si no hay depredadores que regulan poblaciones; armadillos y otros animales excavadores que remueven y airean el suelo; y numerosos invertebrados intervienen en la descomposición y el reciclaje de nutrientes. Por lo tanto, el impacto no termina en la mortalidad individual: puede alterar el funcionamiento del ecosistema.
Otros efectos negativos son que hay menos alimento y refugio, los suelos están expuestos y la conectividad, perdida. De modo que los animales sobrevivientes pueden verse obligados a recorrer mayores distancias y entrar a carreteras, potreros o asentamientos, donde aumentan los riesgos de atropellamiento, ataques de perros y conflictos con personas.
Cuando llegan las primeras lluvias, el agua arrastra las cenizas y sedimentos hacia quebradas y ríos; lo que genera contaminación y se convierte en un riesgo para la vida acuática.
En tanto, cada ecosistema se recupera a velocidades muy diferentes. Volver a ver vegetación verde después de un incendio no significa que el ecosistema original haya regresado. La cobertura vegetal puede recuperarse antes que la estructura del bosque, la composición de especies, las reservas de carbono o las relaciones ecológicas que sostienen su funcionamiento.
Desde Greenpeace entendemos que el desafío es pasar de responder emergencia tras emergencia mediante decretos a construir una política clara de prevención y gestión del riesgo, con financiamiento suficiente, capacidades locales fortalecidas y una mirada de largo plazo que permita preparar realmente al país frente a amenazas cada vez más complejas y simultáneas.
Exigí acciones urgentes para mitigar y enfrentar la actual crisis climática.
Involúcrate

