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En el Día Mundial de la Lucha Campesina, a conmemorarse este sábado, Greenpeace recalca el rol fundamental de las familias campesinas para alcanzar la soberanía alimentaria y la importancia de garantizar su derecho a la vida, dignidad, territorios, agua, tierra y semillas.

 En el Día Mundial de la Lucha Campesina, a conmemorarse este sábado, Greenpeace recalca el rol fundamental de las familias campesinas para alcanzar la soberanía alimentaria y la importancia de que Colombia se suscriba al compromiso internacional que vale por su derecho a la vida, dignidad, territorios, agua, tierra y semillas. Para la organización ambientalista esta lucha además mantiene una estrecha relación con el derecho a la salud y a un ambiente sano. 

En el 2018 la ONU adoptó formalmente la Declaración sobre los Derechos de los Campesinos, sin embargo, a pesar de los reclamos de organizaciones sociales, ciudadanos y congresistas al presidente Ivan Duque, el gobierno colombiano se abstuvo de votar a favor de la declaración ese mismo año. 

“Colombia tiene una producción rica y abundante de alimentos, el 10%  de la biodiversidad del mundo se alberga en nuestro país. La agricultura campesina, familiar y comunitaria no solo juega un papel clave en el abastecimiento alimentario de la población sino que también es necesario para el crecimiento económico local y de las nuevas estrategias para la recomposición de las ciudades frente a la crisis climática y sanitaria” señaló Tatiana Céspedes, coordinadora de la campaña de Greenpeace Nuestra Nueva Ciudad. 

Según un informe de Greenpeace, Nueva Cultura Alimentaria, en Colombia se estima que este modelo de producción campesina, familiar y comunitaria provee un 70% de los alimentos que se destinan a los mercados locales y genera un 57% del empleo rural. En Bogotá, la tendencia se repite, abasteciendo el 65% de los alimentos que se consumen en la capital.  Pese a lo anterior, el país está en mora de diseñar políticas públicas y programas específicos para impulsar este modelo de agricultura, que más allá de ser la principal fuente de producción de alimentos, contribuye a la protección de la biodiversidad agrícola, al uso sostenible de los recursos naturales, a la salvaguarda de las tradiciones culturales, a la generación de empleo y a la construcción de tejido social.

Para Greenpeace es fundamental que la población campesina tenga el derecho al agua, las tierras, las semillas y a producir, transformar nuestros alimentos con más arraigo cultural en cada uno de los territorios. Esto permite aprovechar la abundancia y diversidad de la amplia oferta de alimentos agroecológicos que se cultivan en Colombia y alrededor de las grandes ciudades. Además, la soberanía alimentaria asegura que los pueblos tengan el derecho a escoger sus prácticas agrícolas y alimentarias, a dignificar su labor y a proteger su vida.

Dentro de la ciudad podemos acceder a la memoria campesina, multiétnica, pluricultural y biodiversa, en espacios como las plazas de mercados y mercados campesinos. El gradiente altitudinal de la cordillera de los Andes, desde el nivel del mar hasta el páramo, permite que se produzcan distintos tipos de alimentos que proveen a la ciudad de Bogotá de una despensa amplia. Reinventemos la forma en que nos alimentamos y consumimos, eligiendo productos de familias campesinas, basados en buenas prácticas ecológicas que además generan empleo local y construyen comunidad. ”  afirmó Céspedes