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El cambio climático es un problema mundial que ha crecido en importancia durante, más o menos, los últimos 30 años. Por ello, como humanidad hemos invertido esfuerzos científicos sin precedentes en entender de qué va este problema.

Marcha por el clima

Las investigaciones han dado fruto y, actualmente, un consenso científico histórico (liderado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas) nos permite decir con suficiente certeza que:

  1. El cambio climático existe.

El cambio climático es una serie de fenómenos fuera de las series normales observadas por geólogos, físicos o biólogos, y amenaza no sólo al medio ambiente sino a los seres humanos y el resto de la vida en este planeta, que cada vez es más acelerado por las actividades humanas. No se trata solo de un ciclo natural del planeta, ni de temporadas cálidas que ocurren cada cierto tiempo.

Según una definición de la agencia aeroespacial estadounidense NASA,“el cambio climático se refiere a un rango amplio de fenómenos globales, creados predominantemente por la quema de combustibles fósiles, lo que agrega a la atmósfera terrestre gases que atrapan el calor”.

“Estos fenómenos incluyen el aumento de la temperatura (comúnmente descrito como calentamiento global), pero también incluyen cambios como el aumento en el nivel del mar, la pérdida de masas de hielo en Groelandia, Antártida, el Ártico y en los glaciares montañosos de todo el mundo, cambios en la floración de plantas y fenómenos climáticos extremos”.

Desde 1880, la temperatura promedio en la superficie del planeta ha aumentado un casi 1ºC, además de un .15º C adicional que ocurrió entre 1750 y 1880, según la NASA.

  1. El cambio climático es causado por la humanidad.

No es un giro del planeta fuera de su eje de rotación, ni producto de radiaciones inusuales del sol, ni de actividad volcánica o corrientes oceánicas atípicas. Es verdad que hay varias causas que contribuyen a su existencia, pero la ciencia coincide abrumadoramente en que la mayoría son de origen humano.

La Convención Marco de Naciones Unidas Contra el Cambio Climático (CMNUCC) deja esto en claro en su acta constitutiva de 1992, en la que define al cambio climático como:

“Un cambio de clima que es directa o indirectamente atribuido a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera global y que es adicional a la variabilidad climática natural observada durante periodos de tiempo comparables”.

La alteración de la atmósfera que menciona esta definición ocurre por la presencia de gases de efecto invernadero (GEI), que existen naturalmente en la atmósfera, pero en una proporción que ha salido de control con el crecimiento de la actividad industrial humana y sus correspondientes emisiones de estos gases, particularmente a partir de los siglos 18 y 19 en Europa y Norteamérica.

Algunos ejemplos de estas emisiones son lo que en el día a día describimos como “contaminación” de las chimeneas de las fábricas, los escapes de los automóviles o la quema en las cosechas.En el lenguaje del cambio climático, estos gases son medidos por su equivalencia con el dióxido de carbono (CO2), pero todos ellos son capaces de capturar la radiación del sol en un fenómeno conocido como efecto invernadero.

  1. Podemos (y debemos) detenerlo.

Ante la existencia y la gravedad del cambio climático, es muy fácil y común escuchar argumentos escépticos y derrotistas como: “es algo demasiado complejo”,“yo no puedo hacer nada” o “¡¿ya para qué nos esforzamos?!”.

Sin embargo, la ciencia también ha concluido que estamos a tiempo para evitar que los efectos del cambio climático, que empeoran año con año, sean lo menos nocivos para nosotros y todos los seres vivos, incluyendo a las generaciones por venir: nuestros hijos y nietos.

A fines de 2018, el IPCC informó en un reporte que es posible detener el cambio climático antes de que la temperatura promedio de la superficie del planeta rebase los 1.5ºC, pero enfatizó que para ello se requieren “cambios rápidos, de largo alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad”, pues que al momento podríamos haber alcanzado ya los 1.2ºC.

El objetivo de 1.5ºC es el más ambicioso (el otro es de 2ºC) planteado por la comunidad internacional en el Acuerdo de París contra el cambio climático, firmado en 2015. La diferencia de .5 ºC entre uno y otro objetivo podría significar el derretimiento total del ártico en verano y la muerte total de los arrecifes y corales marinos.

Pero hay más razones para actuar. Académicos y ambientalistas a nivel mundial han destacado la lucha contra el cambio climático como una oportunidad de reestructurar nuestras economías y sociedades para alcanzar objetivos importantes como: la mitigación de la pobreza, la equidad de género, la eliminación de la malnutrición, los derechos humanos a la salud y al ambiente sano, entre muchos otros.

Es decir, se trata no sólo de salvar nuestra existencia en este planeta, sino de volverla mejor. Esta es la principal razón por la cual el tema debe importarnos y ocuparnos.

 

¡Sé parte del cambio!