CRISIS CLIMÁTICA

Más deforestación, más destrucción, significan más eventos meteorológicos extremos como tormentas severas, e inundaciones.

Exigí acciones urgentes para mitigar y enfrentar la actual crisis climática.

El problema

Olas de frío, olas de calor, lluvias y tormentas severas, inundaciones, sequías e incendios forestales, atravesamos una crisis climática sin precedentes en la historia moderna generada principalmente por la actividad humana. Está en una casa inundada, una ruta cortada, una cosecha perdida y una familia que tiene que empezar de nuevo. La frecuencia, intensidad y duración de los fenómenos meteorológicos extremos están en aumento. En este contexto, fenómenos naturales como El Niño pueden potenciar algunos de estos impactos.

¿Qué es el fenómeno El Niño?

Se trata de un fenómeno climático natural que produce un calentamiento  del Océano Pacífico ecuatorial y que se repite con una frecuencia variable de entre 2 a 7 años. El último había sido entre los años 2023-2024. Ahora, dos años después, vuelve a darse y podría durar hasta comienzos del otoño 2027. 

Es decir que El Niño está activo y fortaleciéndose, según confirmó la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés). Además, estimó que será de los más intensos registrados desde 1950, lo que le ha valido que coloquialmente ya se lo llame “Súper Niño”

¿Qué significa que está activo?

Significa que, en este momento, el fenómeno climático natural está produciendo que los vientos habituales se debiliten y las aguas superficiales del centro y este del océano pacífico se vuelvan más cálidas de lo normal. 

Ese calentamiento modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del mundo.
Es importante resaltar que la NOAA calculó que hay 81% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026.

El Niño se da en un contexto de crisis climática generada por las actividades del hombre y de vulnerabilidad de muchos territoriosy estos dos factores pueden volver sus impactos más peligrosos. En particular, la crisis climática incide elevando las temperaturas de base, aumentando la cantidad de humedad que puede contener la atmósfera y agravando distintos eventos extremos. 

Si a esto se suma que los territorios están debilitados por la destrucción de humedales y bosques, la urbanización de zonas inundables y la falta de infraestructura adecuada, las ciudades y sus habitantes quedan aún más expuestos y en desventaja para enfrentar cualquier evento extremo que pueda suceder.

El problema aparece cuando las lluvias son excesivas, persistentes o afectan territorios sin capacidad para absorber y evacuar el agua. En esos casos, puede aumentar el riesgo de:

  • inundaciones urbanas y rurales;
  • anegamientos prolongados en campos y zonas de llanura;
  • crecidas de los ríos;
  • daños en viviendas, escuelas, centros de salud, comercios, rutas, puentes y caminos rurales;
  • interrupciones del suministro eléctrico, del agua potable, del saneamiento y del transporte;
  • contaminación de fuentes de agua y mayores riesgos sanitarios después de una inundación;
  • erosión y degradación de los suelos;
  • daños y desplazamientos de fauna en ambientes ya degradados o fragmentados;
  • mayor exposición de las comunidades que viven en zonas inundables;

Si bien El Niño es un fenómeno natural, hoy ocurre sobre un planeta más caliente, lo que agrava sus impactos, especialmente en territorios profundamente vulnerables, poco preparados y en comunidades completamente expuestas.

No podemos evitar que El Niño ocurra. Sí podemos evitar que nos encuentre igual de desprotegidos. Prepararnos hoy puede significar menos familias evacuadas, menos pérdidas y menos vidas en riesgo. Se necesitan medidas urgentes para mitigar la crisis climática, prevenir riesgos y reducir sus impactos devastadores.

¿Qué hacer?

Es necesario reconocer la gravedad de esta crisis y que se avance en la protección de ecosistemas que son vitales para la regulación climática como los bosques, océanos, glaciares y humedales. Más deforestación, más destrucción, agravan la crisis climática y aumentan la vulnerabilidad de los territorios frente a tormentas severas, inundaciones y otros eventos extremos. ¡Estamos a tiempo!

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