
El Atlántico Sur enfrenta una nueva ofensiva petrolera que pone en riesgo al ambiente, la biodiversidad y el bienestar de las comunidades. Luego del fracaso rotundo en la búsqueda de petróleo en la cuenca bonaerense y la habilitación del Gobierno, por decreto, de un nuevo bloque impulsado por corporaciones extranjeras, un megaproyecto avanza sobre las Islas Malvinas. Debemos frenar la expansión fósil en el Mar Argentino
El ecosistema marino de nuestro país se encuentra bajo el asedio de la industria de los combustibles fósiles que trae consigo las promesas de “desarrollo y soberanía energética”. Sin embargo, la realidad nos devuelve que la actividad offshore en el Mar Argentino es un riesgo ecológico incalculable y un grave retroceso frente a la urgencia de la crisis climática global.
Hoy, la alerta es máxima: al fracaso del proyecto en un pozo ultraprofundo frente a la costa bonaerense y al proyecto en desarrollo frente a las Islas Malvinas, se suma una preocupante e inmediata entrega de nuestros bienes comunes naturales a través del Boletín Oficial.
A contramano de la evidencia: Licitación exprés del bloque CAN-200
A mediados de julio de 2026, el Gobierno nacional oficializó el Decreto 590/2026, ordenando a la Secretaría de Energía convocar a un Concurso Público Internacional para abrir una nueva frontera de explotación hidrocarburífera en el mar: el bloque CAN-200, una superficie de 5.000 kilómetros cuadrados.
Este decreto no nació de una planificación estratégica soberana, sino del lobby corporativo: fue motivado por una “manifestación de interés” presentada por la empresa británica Challenger Energy Group. Se trata de la misma petrolera que, asociada con firmas como la canadiense Sintana y la estadounidense Chevron, viene explorando intensamente los bloques contiguos en el mar de Uruguay.
Las corporaciones petroleras buscan tratar al Atlántico Sur como una zona de sacrificio, ignorando los impactos ambientales acumulativos que sus bombardeos acústicos generan sobre la biodiversidad marina. Como agravante, el decreto firmado por el Ejecutivo incluye la prórroga de jurisdicción a favor de tribunales arbitrales extranjeros en caso de litigios, cediendo soberanía legal a las multinacionales.
Esta nueva licitación del bloque CAN-200 resulta aún más insólita si miramos lo que acaba de ocurrir a pocos kilómetros de allí.
Tras someter a nuestra plataforma continental a destructivas campañas de prospección sísmica y perforación ultraprofunda, los resultados en la Cuenca Argentina Norte no fueron los esperados por las petroleras. La perforación del pozo Argerich-I (Bloque CAN-100) -operado por la noruega Equinor- fue declarada oficialmente como pozo seco. Por otro lado, Shell y Qatar Petroleum tampoco obtuvieron los resultados esperados en los pozos CAN107 y CAN109 y devolvieron las concesiones al Estado Nacional.
El saldo real de estos proyectos fue un disturbio acústico y ambiental en el talud continental del cual todavía no se conocen las consecuencias en la biodiversidad marina. A pesar de la evidencia, el avance sobre CAN-200 y las prospecciones sísmicas 3D proyectadas por YPF, Shell y TotalEnergies en otros bloques demuestran la obsesión de una industria que prefiere seguir gastando recursos en la agonía fósil en lugar de financiar una transición energética justa.
El peligro más austral: explotación petrolera en las Islas Malvinas
Mientras tanto, en el extremo sur el peligro ya no es exploratorio, sino de explotación comercial inminente. A menos de 200 km de la costa en la Cuenca Norte de Malvinas, el consorcio compuesto por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration ha tomado la Decisión Final de Inversión (FID) para el yacimiento “Sea Lion”.
El proyecto ya avanza firmemente hacia la instalación de infraestructura industrial permanente en el mar para extraer más de 1.000 millones de barriles de crudo. Con un financiamiento cerrado de mil millones de dólares y el envío a astilleros asiáticos del buque factoría FPSO Aoka Mizu para su reacondicionamiento técnico, estiman iniciar la perforación en 2027 y comenzar la producción comercial a principios de 2028.
Un ecosistema crítico en la línea de fuego
La huella destructiva de la industria hidrocarburífera une los destinos de la costa bonaerense y de las islas del Atlántico Sur. La Cuenca Malvinas y la cuenca CAN se superponen con corredores biológicos de alto valor natural y prioridad científica.
Las explosiones acústicas de la exploración sísmica y el posterior despliegue de plataformas amenazan de forma directa a especies protegidas:
- La Ballena Franca Austral: Es Monumento Natural Nacional y utiliza toda la plataforma continental y las aguas circundantes a las Islas Malvinas como áreas migratorias y de alimentación profunda. El ruido continuo fragmenta su hábitat y daña su sistema auditivo.
- Aves Marinas y Pingüinos: Especies en peligro o vulnerables como el Albatros Ceja Negra (Malvinas alberga la mayor población reproductiva del planeta de esta ave), el Petrel Barba Blanca y el Pingüino Penacho Amarillo son sensibles a la degradación del ambiente, aumentando así la presión a la que se ven sometidos. La baja tasa reproductiva (crían un solo pichón por año) expone a estas poblaciones a un declive irreversible.
A esto se suma la peor de las amenazas: un derrame a gran escala. Los modelos hidrodinámicos advierten que la Corriente de Malvinas funcionaría como una autopista de dispersión masiva. Un incidente en el yacimiento Sea Lion arrastraría el petróleo crudo hacia el norte en cuestión de días, impactando de forma sistémica en el talud continental, la Zona Económica Exclusiva y las costas de la Patagonia.
Incoherencia climática y global
Abrir nuevas licitaciones offshore en 2026 y pretender quemar miles de millones de barriles de petróleo en el Atlántico Sur es un acto de irresponsabilidad climática. El océano austral actúa como uno de los sumideros de carbono más eficientes del mundo. Amenazarlo de esta forma debilita la resiliencia del planeta.


