El Esperanza se sumó a nuestra flota de navíos en 2002, como reemplazo del MV Greenpeace. Su nombre surgió de la votación de los socios de Greenpeace.

Fue construido en 1984, en Gdansk, Polonia, y usado por la Armada rusa como barco de bomberos.

Debido a su tamaño y a la velocidad con la que se desplaza, es ideal para acciones rápidas y de largo alcance. Además, por su capacidad para navegar entre el hielo puede trabajar en regiones polares.

El barco fue reconvertido en un buque respetuoso con el medioambiente. Entre estas mejoras, se encuentran las siguientes:

– Adecuación del sistema carburante para evitar derrames al mar

– Propulsión diésel-eléctrica

– Reciclaje de aguas residuales que permite que solo el agua limpia sea tirada fuera de borda

– Sistema de calefacción a partir del aprovechamiento de residuos

– Casco libre de pintura contaminante

– Refrigeración y aire acondicionado en base a amoníaco que no contribuye al cambio climático ni afecta la capa de ozono

La primera campaña en la que intervino el Esperanza fue la de Bosques, durante 2002, alertando sobre la deforestación. En ese mismo año, atracó en Johannesburgo, Sudáfrica, durante la Cumbre de la Tierra, para exigir a los países participantes que adopten serias medidas de protección del medio ambiente.

Algunas hazañas del Esperanza y su tripulación

Con una tripulación conformada por marineros de todo el mundo, el Esperanza fue clave durante 2005 y 2007 para la defensa de las ballenas amenazadas por la flota japonesa en el océano Antártico. En 2009 navegó el Pacífico para documentar prácticas de pesca ilegal y participó de giras de promoción de energías renovables durante las que fue parte de acciones contra centrales eléctricas de carbón que atentan contra el clima.

En el verano de 2010 se involucró en la campaña “Ártico bajo presión” con el objetivo de investigar algunas de las amenazas que sufre este frágil ecosistema del Polo Norte, y posteriormente llegó a Groenlandia, donde la compañía Cairn Energy se encontraba perforando en busca de petróleo. Durante dos meses el Esperanza fue una herramienta fundamental por su posibilidad de avanzar sobre las pesadas masas de hielo, lo que lo convierte en un aliado vital para penetrar en sitios a los que barcos convencionales no tienen acceso.

Ese mismo año Greenpeace puso el barco a disposición de la organización internacional Médicos Sin Fronteras para ayudar a Haití tras el terremoto que sufrió la población del país. El buque fue utilizado para transportar medicinas y diferentes suministros (bidones, mantas, piezas de jabón y combustible).

En 2016, el Esperanza pasó por Argentina para alertar sobre la emergencia forestal del país. La embarcación también visitó Chile para defender los glaciares de la minería.

En 2017, el Esperanza llegó a Brasil para documentar el arrecife del Amazonas, un sistema de 9.500 km2 de corales y esponjas. Gracias a esta expedición se capturaron las primeras imágenes submarinas de este ecosistema.