Cada 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de los Bosques. Este año, el lema propuesto por la FAO es“Bosques y economías”, en un intento de poner en el centro la importancia que tienen estos ecosistemas para sostener la agricultura familiar y comunitaria, mejorar la productividad agrícola y salvaguardar la salud de las cuencas hidrográficas. 

© Nilmar Lage / Greenpeace

Bajo este lema, la conmemoración se vuelve un buen momento para echar luz sobre esas muchas otras actividades económicas, las de mayor magnitud y menores escrúpulos, que se desarrollan a partir de destruir bosques enteros, pero lejos del escrutinio público. 

Sirve también para remarcar que, cuando un árbol se pierde, se pierde todo el sistema de relaciones que sostiene: el de ser hogar de aves, jaguares e insectos, el de dar cobijo a los hongos, su rol clave de contribuir al ciclo que genera las lluvias, limpiar el aire, dar sombra y fijar el suelo. 

La situación es de por sí crítica: los bosques del planeta, desde la Amazonía hasta el Congo y el Sudeste Asiático, están al borde del colapso por los incendios, la minería y la expansión industrial -sumando la urgencia innegable de la crisis climática-. Por eso, en este contexto, el Día Internacional de los Bosques se transforma en un llamado de atención para preservar lo que todavía queda en pie

Amazonía, el bosque más grandioso, bajo un nuevo peligro

La Amazonía, nuestro bosque más preciado, es un sistema vivo, complejo e indispensable que regula el clima, el agua y hace posible la vida en Colombia y en el planeta. También es guardián de memorias y saberes ancestrales que han protegido al bosque y nuestro país por siglos. Sin embargo, nunca estuvo exento de amenazas que pusieran en riesgo su equilibrio natural. Lamentablemente, a todos las ya conocidas, ahora se sumó uno más: el avance de la ganadería extensiva en zonas donde deberían existir bosques protegidos

Parque Periodistas
© Diana Rey Melo / Greenpeace

Esta actividad transforma amplias áreas boscosas en terrenos yermos, donde sólo prospera el pasto y el ganado -ya se contabilizaron más de 24.000 bovinos dentro de Parques Nacionales en los últimos años-. Es decir que, en lugares donde deberían habitar jaguares, monos y aves únicas, ahora hay animales cuya suerte es terminar en el plato de colombianas y colombianos.

Lo terrible es que con este cambio en el uso del suelo, se desequilibran los ciclos de la selva y se pone en peligro nuestra agua, nuestro clima y nuestro futuro. Por todo esto, destruirla no es una opción. 

Destruir la Amazonía no es una opción.