
Cada 16 de junio se celebra el Día Internacional de las Tortugas Marinas con el fin de generar conciencia sobre la importancia de su preservación para el planeta, ya que es una de las especies más amenazadas actividades humanas como la contaminación plástica, la crisis climática, la pesca accidental y la pérdida de hábitat. En esta nota te contamos algunos datos acerca de esta fascinante especie y sus amenazas.
© Paul Hilton / Greenpeace
Las tortugas marinas habitan la Tierra desde hace más de 100 millones de años. La última gran extinción hizo desaparecer a los dinosaurios de la faz de la tierra, pero las tortugas marinas sobrevivieron. Evolucionaron a partir de tortugas de agua dulce, pero las tortugas de mar ahora tienen aletas que se asemejan a remos y les permiten adaptarse mejor en el mar. Sin embargo, hoy enfrentan una amenaza mucho más reciente y creada por los seres humanos: la contaminación plástica en los océanos.
Las tortugas marinas cumplen un papel fundamental para los ecosistemas marinos, ya que ayudan a mantener saludables los lechos de pastos marinos y los arrecifes coralinos, espacios de los que dependen y se benefician muchas otras especies.



Pasan más de un 90% de su vida en el agua (alimentándose, reproduciéndose y migrando). Tienen la habilidad de migrar cientos hasta algunas veces, miles de kilómetros desde el área de forraje hasta la playa de anidación. Las hembras vuelven a tierra para desovar, muchas veces en las mismas costas donde ellas nacieron, mientras que los machos pasan prácticamente toda su vida en el mar.
En Colombia se registran 5 de las 7 especies de tortugas marinas que existen en el mundo, todas enfrentando distintos niveles de amenaza o presión sobre sus hábitats.
Defender el hábitat de las tortugas marinas en Colombia: un país clave para las tortugas marinas
La ruta migratoria del Pacífico Colombiano es vital para la vida marina – tortugas marinas, tiburones y ballenas – que van y vienen entre las islas, buscando un lugar para anidar o en busca de alimento. Pero se encuentra amenazada por la contaminación por plásticos.

La basura, especialmente los plásticos de un solo uso, no desaparecen cuando las botamos. Una gran parte sale de las ciudades al terminar en calles, alcantarillas y ríos hasta llegar a los mares y océanos, incluso desde ciudades alejadas de la costa: El desecho incorrecto de los residuos sumado a la acción de las tormentas, el viento o la lluvia hace que viajen desde el sistema de alcantarillado de zonas urbanas a ríos, mares, océanos u otras vías fluviales por muy lejos que nos encontremos de la costa.

Un ejemplo de esta conexión entre ciudad y océano es la cuenca del río Bogotá. En El río Bogotá recibe aproximadamente 690 toneladas diarias de carga contaminante, incluyendo aguas residuales y desperdicios industriales. Estas aguas viajan por todo el río Magdalena llegando, así al mar Caribe. Tanto en el océano Pacífico como en el Caribe, se han podido encontrar hasta 8.000 microplásticos por metro cuadrado de playa.
Todos los objetos plásticos que llegan al mar tardan muchos años en degradarse y pueden causar graves daños a la fauna marina. En el caso de las tortugas, la ingestión de bolsas, envoltorios, cuerdas o fragmentos plásticos puede provocar obstrucciones, lesiones internas, inanición o incluso la muerte. Además, muchas tortugas confunden bolsas plásticas flotantes con medusas, una de sus fuentes de alimento.
Por otro lado, las tortugas de río pueden verse afectadas por la contaminación del agua, especialmente por la basura y los desechos químicos.
Otro ejemplo es la contaminación a través de la cadena alimentaria. Si los animales consumen alimentos contaminados, las sustancias químicas pueden acumularse en su organismo y provocar enfermedades y problemas de salud.
La crisis climática y las tortugas marinas:
Los cambios de temperatura y el calentamiento global también afectan severamente la continuidad de la población de estas tortugas.
De acuerdo con la WWF, la determinación del sexo de las tortugas marinas depende de la temperatura. Mientras la arena esté más fría saldrán mayor cantidad de machos, mientras la arena esté más caliente saldrán más hembras.
Un cambio en las temperaturas globales altera la temperatura de la arena, lo cual afecta el sexo de las crías e incrementa el riesgo de una inestabilidad en la composición de las poblaciones.
Por otro lado, al aumentar el nivel del mar hace que se pierdan playas donde anidaban. Las tormentas e inundaciones cada vez más frecuentes pueden arrasar los nidos y los pastos se degradan o cambian en abundancia y distribución. Las temperaturas más altas de la arena pueden modificar el porcentaje de crías machos y hembras que nacen, pero también las temporadas migratorias.
Proteger a las tortugas marinas exige ir a la raíz del problema: reducir la producción de plásticos, eliminar los plásticos de un solo uso y evitar que grandes marcas y petroleras sigan inundando el planeta con empaques desechables. Desde Greenpeace seguimos trabajando para conseguir un Tratado Mundial sobre los Plásticos fuerte y jurídicamente vinculante en las Naciones Unidas que que ponga límites reales a la producción de plástico y proteja los océanos, la biodiversidad y la vida de las comunidades.
El ciclo de vida completo del plástico está envenenando nuestra salud.
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