La Amazonía colombiana representa el 42,3 % del área continental del país y alberga cerca de 1.200 especies de peces. La pérdida de cobertura boscosa aumenta la erosión, lleva más sedimentos a los ríos y puede elevar la temperatura del agua, afectando a especies y comunidades que dependen de estos ecosistemas.

Bogotá, octubre de 2026. En el mes de los Ríos, Greenpeace Colombia llama la atención sobre una relación que suele quedar fuera de la discusión sobre deforestación: cuando desaparece el bosque amazónico, también se deterioran los ríos que atraviesan y sostienen estos territorios.
La Amazonía colombiana representa el 42,3 % del área continental del país y alberga cerca de 1.200 especies de peces. Sus ríos son fundamentales para la alimentación, el transporte, las economías locales, la biodiversidad y las prácticas culturales de numerosas comunidades. Pero la transformación del bosque está alterando las condiciones que permiten que estos ecosistemas acuáticos se mantengan vivos.
Cuando el bosque es reemplazado por potreros, puede aumentar la erosión, aumenta la erosión y una mayor cantidad de sedimentos puede llegar a quebradas y ríos. Al mismo tiempo, la pérdida de cobertura vegetal reduce la sombra sobre los cuerpos de agua y puede elevar su temperatura, afectando las condiciones de vida de peces, anfibios, tortugas y mamíferos acuáticos. Estudios realizados en pequeños arroyos de la Amazonía brasileña encontró que los cuerpos de agua ubicados en zonas deforestadas pueden presentar temperaturas promedio 3,5 °C más altas que aquellos protegidos por cobertura boscosa.
“El problema de la deforestación no termina cuando cae un árbol. Lo que ocurre en el bosque también termina afectando el agua y a especies ribereñas. Cuando se pierde la cobertura vegetal, los ríos reciben más sedimentos, pierden sombra y cambian las condiciones de los ecosistemas de los que dependen miles de especies y comunidades”, afirma Laura Caicedo, Coordinadora de Campañas de Greenpeace Colombia.
El impacto tampoco se limita a la Amazonía. Investigaciones de la Universidad de Antioquia señalan que cerca de una de cada tres gotas de lluvia que precipita sobre la cuenca del Magdalena procede de humedad asociada a los bosques de la Amazonía y las sabanas de la Orinoquía. Esto evidencia la conexión entre los bosques que conforman el bioma amazónico en el continente y la disponibilidad de agua en otras regiones del país, reforzando la necesidad de cooperación regional.
La relación entre bosque y agua también está vinculada con las actividades que avanzan sobre el territorio. Para Greenpeace, la expansión de la ganadería sobre zonas de bosque amazónico no sólo implica pérdida de cobertura vegetal: también puede degradar las riberas, aumentar la llegada de sedimentos a los cuerpos de agua y afectar los ecosistemas acuáticos. Por eso, conocer el origen de los productos ganaderos y garantizar cadenas libres de deforestación también es una medida de protección de los ríos.
Entre las especies que dependen directamente de estos ecosistemas se encuentran el delfín rosado amazónico, la nutria gigante y la tortuga charapa, además de miles de especies de peces. La degradación de los ríos afecta su disponibilidad de alimento, sus espacios de reproducción y la conectividad de los ecosistemas que necesitan para sobrevivir.
“Los ríos amazónicos son caminos, fuentes de alimento, espacios de encuentro y parte de la vida biocultural de las comunidades. Protegerlos implica entender que el bosque y el río forman parte de un mismo sistema y que las decisiones que se toman sobre la tierra terminan teniendo consecuencias sobre el agua y las crecientes de río que también sostienen la vida del bosque.”, agrega Laura Caicedo, Coordinadora de Campañas de Greenpeace Colombia.
En este contexto, Greenpeace advierte que proteger los ríos amazónicos requiere actuar sobre las causas que están degradando sus ecosistemas, entre ellas la deforestación y la transformación del bosque en potreros y la comercialización de ganado sin garantías e información verificable del origen. La organización plantea la necesidad de avanzar hacia cadenas ganaderas con trazabilidad pública que permita identificar vínculos entre las cadenas ganaderas y la deforestación. Pero esa información debe traducirse en controles y medidas efectivas frente al incumplimiento, junto con protección de las riberas y apoyo a pequeños productores para desarrollar sus actividades sin destruir el bosque.
El desafío no es únicamente conservar los ríos que atraviesan la Amazonía. La evidencia sobre la conexión entre los bosques amazónicos, la generación de humedad y las lluvias que llegan a otras regiones del país muestra que la protección de la Amazonía también está relacionada con la seguridad hídrica de Colombia.
Greenpeace Colombia recuerda que la salud de los ríos comienza mucho antes de que el agua llegue a ellos. Se define también en los bosques que permanecen en pie, en las riberas que se protegen y en las actividades productivas que se desarrollan sin destruir los ecosistemas de los que depende el agua.


