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#EmergenciaClimática #Energía ¡No más combustibles fósiles!

Que no se prioricen combustibles fósiles altamente contaminantes como el combustóleo, el carbón y el gas natural para producir la energía que necesitamos, sobre fuentes…

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El hecho de que la energía nuclear emita pocos gases de efecto invernadero no quiere decir que estemos hablando de energía limpia; al contrario, su generación puede ser tan nociva como las energías más contaminantes. 

A propósito del Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, que las Naciones Unidas conmemora cada 29 de agosto, queremos desmontar alguna información imprecisa que hay sobre este tipo de energía. 

Es muy común escuchar que la energía nuclear es una energía limpia ya que no genera ninguna emisión de CO2 y produce altas cantidades de energía a un bajo costo. Esta es una idea difundida por las empresas del sector energético que pretenden incentivar su generación, sin embargo, la información es imprecisa. 

Si bien la energía nuclear no emite gases de efecto invernadero al mismo nivel que la energía de fuentes fósiles, en realidad emite más CO2 que cualquiera de las energías renovables por cada kWh producido, ya que un reactor nuclear necesita un combustible para generar electricidad y la obtención de este combustible sí emite gases de efecto invernadero. 

En todas las etapas del ciclo nuclear se consumen grandes cantidades de combustibles fósiles. Desde la minería del uranio, la fabricación del concentrado, el enriquecimiento, la fabricación del combustible, la construcción de las centrales nucleares, su mantenimiento y posterior desmantelamiento y hasta la gestión de los residuos radiactivos, requiere de carbón. 

Entonces, si bien es cierto que las emisiones en la fase de generación de electricidad a partir de la energía nuclear (66 gCO2/kWh) son menores que las producidas si la electricidad se obtiene a partir de carbón (1.000 gCO2/kWh), diésel (778 gCO2/kWh), o gas natural (440 gCO2/kWh), al final del día en realidad son mucho mayores que las producidas con energías renovables, como la fotovoltaica (30 gCO2/kWh) o la eólica (9 gCO2/kWh), de acuerdo con el artículo “Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático” de la Universidad Politécnica de Cataluña.

El ucranio, por otra parte, no es un recurso renovable. De acuerdo con datos recopilados por Greenpeace España, las reservas de uranio alcanzan sólo para unas pocas décadas más (considerando el ritmo de consumo actual, para los cerca de 440 reactores actualmente en funcionamiento en todo el mundo; pero duraría aún menos si se aumentase el parque nuclear mundial.

Además, la energía nuclear crea residuos peligrosos para la salud y el medio ambiente que se mantienen radiactivos durante cientos de miles de años. La industria atómica no ha sido capaz de encontrar una solución técnica satisfactoria y segura para este grave problema. En su funcionamiento rutinario emiten al medio ambiente, a través de sus residuos, radiactividad. Estos residuos pueden ser en forma líquida (que se traslada al mar, a los ríos y embalses, de los que depende para su refrigeración), en forma gaseosa que va directamente a la atmósfera, o en forma sólida, cuyo manejo es un grave problema en nuestro país. Esa contaminación está ahí y puede tener efectos negativos para la salud, aunque esa radiactividad no se pueda sentir, no se pueda tocar, ni ver, ni oír, ni oler, de acuerdo con el informe de Greenpeace “¿Por qué digo no a la energía nuclear?”

A esto se suma que, como el tan conocido caso de Chernobyl o las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, los accidentes nucleares arruinan regiones enteras. Las centrales nucleares, por otra parte, consumen grandes cantidades de agua, ya que la usan tanto en los reactores para refrigerar núcleos y condensadores, como en sus piscinas de combustible gastado, necesitan agua en abundancia. Esto genera desabasto de agua en las localidades en las que se asientan las centrales.

En resumen, la energía nuclear tiene uno de los costos nivelados (que incluye todos los costos relevantes asociados con la construcción y operación, exceptuando impuestos y subsidios) más altos. De acuerdo con el informe “El camino de México hacia la justicia energética”, de Greenpeace, las tecnologías con mayores costos nivelados son la solar fotovoltaica (techos solares), la nuclear, la solar térmica de concentración y las carboeléctricas. Mientras que las tecnologías con menores costos nivelados son la solar fotovoltaica utility (a escala), la eólica, las hidroeléctricas, la biomasa y el ciclo combinado.

Desde Greenpeace creemos que es posible adoptar un modelo de energía que tenga los costos medio ambientales, sociales y de salud humana más bajos. No podemos seguir alimentando un sistema que, en lugar de desarrollar vida, la destruya lentamente.

Firma para que ese modelo sea una realidad: