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#EmergenciaClimática #Energía ¡No más combustibles fósiles!

Que no se prioricen combustibles fósiles altamente contaminantes como el combustóleo, el carbón y el gas natural para producir la energía que necesitamos, sobre fuentes…

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El pasado martes 2 de marzo, el Senado de la República aprobó por mayoría de votos los cambios a la Ley de la Industria Eléctrica, conocida también como la Ley Combustóleo por la preferencia de uso de este combustible que implica dicha modificación. 

Al aprobar esta ley como está, el Senado de la República cometió más de una violación no sólo al proceso legislativo sino también a los derechos humanos. Te explicamos por qué:

  1. No se escuchó a la ciudadanía ni a las voces expertas. 

La Ley se aprobó en una reunión convocada de última hora, con esto se dejó fuera la posibilidad de iniciar un Parlamento Abierto para escuchar la opinión de personas expertas, la juventud y la sociedad civil en su conjunto

  1. Mayor dependencia de energías fósiles.

La Ley llevará a México a un mayor consumo de energías fósiles, como el carbón, el gas natural y el combustóleo para generar electricidad, que dañan de manera severa la salud de la población, el medio ambiente y compromete el futuro de la niñez en México. Esta condición hace a un lado la transición energética justa y con enfoque de derechos humanos por la que nuestro país debería avanzar.

  1. Tiene impactos negativos a la salud.

La Ley alienta el uso de combustóleo; sin embargo, la contaminación por combustóleo producida únicamente por la termoeléctrica de Tula sería responsable de 14 mil muertes prematuras en la ZMVM, de acuerdo con el informe “Modelado de impactos transcuenca en escenarios de cambio de combustible para la generación de energía. Estudio de caso Termoeléctrica Francisco Pérez Ríos” elaborado por Adolfo Hernández-Moreno de la UAM.

  1. Estigmatiza a las energías renovables.

La Ley estigmatiza las energías renovables bajo el argumento de que han sido usadas por empresas particulares para defraudar al Estado; el problema no son las energías renovables sino la lógica extractivista en la implementación de los proyectos; este enfoque también puede afectar a proyectos del Estado con energías fósiles.

  1. No contribuye a alcanzar la meta de México en materia de cambio climático.

Como se comprometió en 2015 en el Acuerdo de París, México se comprometió a que el 35 por ciento de la energía generada para 2024, y el 43 por ciento para 2030, sería limpia; también prometió reducir en un 25 por ciento los Gases de Efecto Iinvernadero de vida corta y en un 51 por ciento las emisiones de carbono negro. Al impulsar una transición energética basada en el mayor uso de combustóleos, el gobierno estaría yendo en sentido contrario al cumplimiento de sus objetivos en materia de cambio climático. 

  1. No construye soberanía.

Hoy 55 por ciento de la electricidad del país se genera con gas, y esto va a crecer. Mientras más electricidad se genere a partir de gas, más necesidad tendremos de gas que se comprará en Texas, lo que generará una dependencia muy peligrosa. Al centrarse cada vez más en los combustibles fósiles (combustóleo, carbón y otros), el sistema nacional de electricidad se vuelve frágil porque no está diversificado el origen de la energía.

Desde Greenpeace consideramos que el daño aún puede ser revertido pero la única forma es garantizar el derecho a un medio ambiente sano y evitar una mayor penetración de fuentes contaminantes, como el combustóleo y el carbón. Una verdadera soberanía energética se caracteriza por dos pilares: la rectoría del Estado en la transición energética y la soberanía de las comunidades en la generación de su propia energía. 

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