Durante el decenio 2015-2025 aumentó el ritmo de pérdida de bosques a nivel mundial respecto a la década anterior, según se difundió en un nuevo informe de las Naciones Unidas. De todo el globo, fue Sudamérica la que más ha sufrido esta realidad. En todo ese período, desaparecieron en nuestra región alrededor de 41 millones de hectáreas.



Si bien el número es crítico de por sí, la gravedad aumenta al saber que entre lo perdido hay que lamentar más de diez millones de hectáreas de bosques primarios, es decir, casi intactos y con una antigüedad y una densidad biológica únicas.
Para entender mejor su importancia, vale aclarar que los bosques primarios son enormes extensiones de áreas forestales que no han sido explotadas comercialmente y que ocupan una cuarta parte de la superficie forestal mundial (el resto ha sido deforestado, degradado o fragmentado por la actividad humana). Al estar casi intactos, tienen mayor capacidad de almacenar más carbono, de sostener mayor biodiversidad, regular mejor el agua y resistir con más fuerza sequías e incendios.
¿Cuál es la situación de los bosques en Argentina?

Hace tiempo venimos alertando que Argentina se encuentra en emergencia forestal. La superficie de bosques nativos perdidos entre 1998 y 2025 es escalofriante: cerca de 7 millones de hectáreas, una superficie similar a la de una provincia entera.
Para bajar a hechos concretos los peligros que acechan a los bosques de nuestro país, mencionaremos los casos más recientes.
Para empezar, en el sur, el fuego (que en 95% de los casos surge por causas humanas) es la principal causa de pérdida de bosques de la región.

De hecho, El reporte más reciente que realizamos desde Greenpeace -que procesó imágenes satelitales- demostró que durante la última temporada primavera- verano los incendios forestales arrasaron con más de 60.000 hectáreas de bosques andino patagónicos, esto es, una superficie equivalente atres ciudades de Buenos Aires.
Los resultados indican, sin lugar a duda, que se trató de los peores incendios forestales de las últimas seis décadas en la región. “La superficie afectada por el fuego se duplicó en comparación con la severa temporada anterior (31.722 hectáreas), y fue diez veces mayor al promedio de pérdida de bosques patagónicos de los años 2022, 2023 y 2024”, afirmó Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace .
Mientras, en el norte también se pierden miles de hectáreas, principalmente por el avance de la frontera agropecuaria.

En 2025, de acuerdo a un informe que realizamos, la pérdida de bosques fue de 210.702 hectáreas, un 40% más que el año anterior (149.649 hectáreas). En la provincia de Santiago del Estero, el ritmo de deforestación ilegal ha alcanzado niveles críticos.
Uno de los casos que seguimos fue el desmonte ilegal de más de casi 12.000 hectáreas de bosques por parte de dos empresarios, que ocurrió en Salta en el año 2013. “Un ecocidio que realizaron con total impunidad durante varios meses con 18 topadoras”, según relató Noemí Cruz, coordinadora de la campaña de Bosques de Greenpeace.

Tras años de denunciarlos ante la Justicia, este mes se logró una multa histórica a los responsables.
Estas son apenas dos de las caras que muestra la emergencia forestal en nuestro país. Por eso, desde Greenpeace continuamos luchando y exigiendo que se establezcan penas de prisión para los responsables de incendios forestales y desmontes.
¿Cuáles son las principales causas de la pérdida de bosques en el mundo?
El informe de Naciones Unidas consigna que la expansión agrícola continúa siendo el principal motor de la deforestación a nivel mundial. En otras palabras, la demanda de alimentos, ganado, cultivos comerciales y leña sigue empujando la frontera forestal en regiones de África, Sudamérica y Asia.
Al mismo tiempo, influyen otros factores como el crecimiento urbano, el desarrollo de infraestructuras y el aumento de la población también incrementan la presión sobre los bosques.
Como si fuera poco, a la presión humana hay que sumarle otro componente que agrava más el panorama: el cambio climático.

Los bosques de Sudamérica son mucho más que paisajes imponentes o reservorios de biodiversidad: son sistemas vivos que regulan el clima, almacenan carbono, protegen los suelos y sostienen el ciclo del agua del que dependen millones de personas. Aunque muchos vivamos lejos de ellos, en grandes ciudades o entornos urbanos, su salud impacta directamente en la calidad del aire que respiramos, en la disponibilidad de alimentos y agua, y en la estabilidad climática del planeta. Comprender su valor es entender que cuidar los bosques no es solo una responsabilidad ambiental, sino una forma de proteger nuestro propio futuro.


