Cada 17 de mayo volvemos a celebrar el Día Mundial del Reciclaje porque sigue siendo una herramienta central cuando de gestión sostenible de las ciudades se trata. 

© Manuela Clemens / Greenpeace

De hecho, es una de las llaves para destrabar el mal manejo de los residuos -factor que alimenta la triple crisis planetaria que atravesamos- y que cada año acumula 2,1 mil millones de toneladas de basura en los municipios de todo el globo. De ese total, una tercera parte no se gestiona de manera sustentable, según el Programa de Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP).

Si bien reciclar es importante, resulta imperativo que las industrias que contribuyen a la generación de plásticos y otros residuos en sus operaciones, asuman un papel proactivo. Es urgente y necesario que reformulen sus procesos productivos para eliminar o reducir drásticamente el uso de materiales que no se pueden reciclar y que sólo generan contaminación. 

A través de los años, mucho se ha escrito y dicho al respecto. Por eso hoy vamos a ir un paso más allá de las reglas básicas para empezar a reciclar y nos vamos a meter en dos de los tópicos más difíciles del rubro: alimentos e indumentaria.

1. Desperdicio de alimentos: si no se puede evitar, se debe reciclar

Alrededor del 19% de la comida disponible para el consumo se desperdicia anualmente, en un mundo donde cientos de millones de personas sufren hambre. Más allá de que los municipios y gobiernos pueden, en primera instancia, implementar medidas para evitar que el alimento se eche a perder, una vez que esto ocurre, recurrir al reciclaje no es opcional. 

Por ejemplo, los gobiernos pueden utilizar los residuos alimentarios en la ganadería y la agricultura, como propone UNEP. También pueden financiar programas de compostaje de residuos orgánicos, separar los desechos alimentarios en origen y prohibir que los alimentos terminen en vertederos. Mientras tanto, los consumidores también pueden hacer compost con los restos de comida orgánicos (no los derivados de animales) en lugar de tirarlos.

De esta manera, se evitan llevar al relleno sanitario miles de toneladas de este tipo de residuos, que al mezclarse con el resto de la basura, se descomponen emitiendo gas metano a la atmósfera (y contribuyendo así al calentamiento global y la crisis climática). 

Además, gracias al reciclaje, estos residuos se transforman en abono fértil que vuelve al suelo para enriquecerlo, conservar su humedad y nutrientes. Es decir, una ganancia para todos. 

2. La industria textil, dura de reciclar 

Como contamos en nuestro podcast Sonido Ambiente, el modelo de “moda rápida” (fast fashion) logró duplicar en 15 años la cantidad de ropa producida, implementando 50 micro tendencias al año, lo que acortó la vida útil de las prendas que se usan un 36% menos que antes. En consecuencia, en gran parte del mundo, una remera, un jean, unos zapatos se usan entre 1 a 7 veces y se tiran.

Al entender este sistema, y sumar el dato de UNEP sobre que menos del 1% del material utilizado para producir ropa se recicla para convertirlo en nuevos artículos, podemos ver cómo esta industria se transforma en una de las primeras generadoras de basura del planeta. El ejemplo más cercano de esto lo tenemos en el Desierto de Atacama, donde se acumulan toneladas de ropa descartadas desde países centrales y se desintegran muy lentamente al sol, contaminando un ecosistema tan único como frágil.

Los voluntarios de Greenpeace Reino Unido en St Albans organizan un evento de intercambio de ropa. © John Cobb / Greenpeace

Contrarrestar lo que genera esta vorágine de consumo y descarte no es tarea fácil. Primero, la industria de la moda necesita volverse más circular -ofrecer productos que duren más y que puedan repararse; en otras palabras, hacerse cargo de sus descartes de producción,  los gobiernos pueden proporcionar infraestructura para la recolección y clasificación de textiles usados, algo que ni los países centrales aún han conseguido; y los consumidores pueden evaluar si sus compras de ropa son realmente necesarias, reciclar o incluso, encargarse de donar todas las prendas que aún estén en buen estado.

Estos ejemplos nos hablan de las complejidades del proceso de reciclaje -siempre perfectible- pero también de su infinito potencial para ayudar, unido a un entramado más amplio de medidas que involucren a toda la sociedad, a descontaminar y regenerar nuestro planeta. Estamos a tiempo. Apostemos por un mundo con más reciclaje.