Ahora mismo se lleva a cabo la 56.ª reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) Del 19 al 23 de enero de 2026 en Davos, Suiza. Una reunión anual que convoca a las personas más poderosas del mundo: líderes gubernamentales, empresariales y de la sociedad civil para hablar sobre los grandes problemas del planeta. En teoría suena bien…en la práctica, la historia es otra.
Mucho discurso verde, pocas acciones reales
¿Sabías que tan solo para que estas personas multimillonarias y poderosas lleguen a Davos, viajaron en uno de los medios de transporte más contaminantes que existen? : los jets privados.
A pesar de que la asistencia general al foro se ha mantenido estable, el tráfico de aviones de lujo no ha dejado de crecer. Tan solo en su edición de 2025, se contabilizaron 709 vuelos de jets privados vinculados directamente al evento en los aeropuertos cercanos, lo que equivale aproximadamente a que casi 1 de cada 4 participantes del FEM usa este medio de transporte altamente contaminante.
Y todo esto para que un grupo muy pequeño de personas asista a una conferencia sobre cómo “cuidar el planeta”. Mientras tanto, el resto del mundo enfrenta olas de calor extremas, nevadas históricas, inundaciones, incendios forestales y el aumento constante de los precios. La pregunta es inevitable: ¿quién paga realmente el costo de esta crisis? ¿Y en dónde se encuentra el origen y la causa de estas problemáticas?
Riqueza extrema y poder mal distribuido
En Davos, los multimillonarios brindan con champán y viajan como si el cielo fuera una autopista privada, generando una gran cantidad de emisiones que calientan el planeta, y también los ánimos, porque es indignante que mientras esta minoría viaja, millones de personas sufren las consecuencias del cambio climático, al que tanto contribuyen.
Además, este foro refuerza una sensación de crisis global de liderazgo. Líderes que han abandonado la acción climática, promovido confrontaciones económicas y profundizado la desigualdad siguen siendo tratados como referentes mundiales, aunque sus decisiones nos acerquen cada vez más al colapso ambiental y social. Sí, “líderes” como Donald Trump.
Cuando la riqueza extrema marca el rumbo, la democracia, la igualdad y el planeta suelen ser los primeros sacrificados. Muchas reglas fiscales actuales en el mundo permiten que los más ricos sigan contaminando, sin asumir responsabilidades reales.
Es por ello que cada vez más personas alrededor del mundo coinciden en algo sencillo pero poderoso:
Que los ultraricos paguen impuestos proporcionales a sus riquezas y contaminación, y se use ese dinero para financiar un futuro verde y justo para todos.
#TaxTheSuperRich
No solo se trata de salvar al planeta, se trata de quién decide su futuro y qué se hace para lograrlo.

