Vegetables in Germany. © Axel Kirchhof
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Los transgénicos son organismos que han sido genéticamente modificados (GM), por ejemplo, para producir insecticida o generar resistencia a herbicidas. Forman parte del modelo de…

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El suelo, además de alimentarnos, es el hábitat de miles de plantas y numerosas especies animales. Su conservación ofrece muchos beneficios al medio ambiente y a la vida humana, sin embargo, la industria agroalimentaria, la falta de protección gubernamental y las consecuencias del cambio climático, lo amenazan. 

Te contamos que está en juego cuando no cuidamos los suelos: 

El suelo se define como un cuerpo natural constituido por capas compuestas de materiales de minerales meteorizados, materia orgánica, aire y agua. Es el producto final de la influencia del tiempo combinada con el clima, topografía, organismos (flora, fauna y ser humano), de materiales parentales (rocas y minerales originarios), de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). 

Sobre ellos se desarrolla la vida: especies vegetales y animales y, en general, es el soporte de muchos ecosistemas. Una hectárea de tierra fértil puede contener más de 300 millones de pequeños invertebrados: insectos, arañas, lombrices y otros animales diminutos. La tierra que cabe en una cuchara puede encerrar un millón de bacterias, además de cientos de miles de células de levaduras y pequeños hongos, de acuerdo con la FAO. Por ello, su conservación es esencial para mantener la vida en el planeta. 

Conservar un suelo se refiere a llevar a cabo actividades que mantengan o aumenten la su salud, principalmente en áreas afectadas o propensas a la degradación, esto incluye la prevención o la reducción de la erosión, compactación y la salinidad, su conservación o drenaje; su mantenimiento o su mejoramiento de la fertilidad.

No obstante, actualmente los suelos están amenazados por la actividad agrícola y ganadera industrial, el uso exacerbado de agroquímicos, la expansión de las ciudades, la contaminación y eliminación de residuos, manejos y prácticas insostenibles, así como el cambio climático. 

¿Qué pasa cuándo no protegemos el suelo?

Los microorganismos del suelo transforman los compuestos orgánicos e inorgánicos y liberan nutrientes de manera tal que las plantas pueden absorberlos. Estas transformaciones también son vitales para la filtración, la degradación y la inmovilización de los contaminantes en el agua y el suelo. Además, la diversidad de los suelos contribuye a mejorar el control, la prevención y la eliminación de plagas y patógenos, según datos de las Naciones Unidas. 

De acuerdo con diferentes estudios realizados por la FAO, la ONU, la Semarnat y otros organismos, éstas son las consecuencias cuando los suelos han sido sobreexplotado y no ha sido manejado con responsabilidad: 

  • Crece la inseguridad alimentaria, que es una situación en la que las personas carecen de acceso seguro a una cantidad de alimentos suficientes para su desarrollo.
  • La productividad y los ingresos de la agricultura disminuyen.
  • La migración hacia áreas urbanas se incrementa.
  • La pobreza rural se exacerba.
  • Se violan los derechos de toda la población, pero específicamente de las comunidades indígenas, a vivir en un ambiente sano. 
  • Se pierde el equilibrio de los ecosistemas.
  • Se agrava el calentamiento global y la desertificación (degradación de la tierra en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas).
  • Se afecta la calidad del agua y el aire.
  • La productividad de la tierra podría verse gravemente alterada.

De acuerdo con datos de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, casi la mitad del suelo mexicano ya está afectado por la actividad humana. En el año 2002, el 44.9% de los suelos de México se encontraban afectados por algún proceso de degradación, mientras que los suelos sin degradación aparente ocupaban el 55.1% restante del territorio nacional. 

Únete para proteger los suelos y apoyar el camino hacia la agricultura ecológica y alimentación sana: