¿Imaginas un futuro sin agua potable, sin aire limpio o sin árboles que den sombra? Durante años nos hemos hecho la misma pregunta: ¿qué planeta le vamos a dejar a nuestros hijos? Hoy en el marco del Día Internacional de la Educación, es momento de darle la vuelta y hacernos otra, igual de urgente: ¿Qué hijos estamos dejando a nuestro planeta? Según UNICEF, de aquí a 2050 (y años posteriores) en un mundo transformado por las crisis climáticas extremas, cambios demográficos y desigualdades tecnológicas, se verán importantes efectos negativos sobre la vida de los niños y las niñas del mundo.
La crisis ambiental no solo es un tema de gobiernos, empresas o cumbres internacionales. También se combate todos los días en casa, en la escuela, en la comunidad y en las decisiones pequeñas que tomamos como familia.
La crianza también es una acción ambiental
Criar con conciencia ambiental no significa ser perfectos, ni vivir sin generar impactos ambientales. Significa algo mucho más realista (y poderoso): formar personas que entiendan que forman parte de la naturaleza, no que están por encima de ella, y que nuestra huella ambiental puede ser menor a como lo hemos venido practicando.
Las infancias de hoy crecerán en un mundo con retos ambientales enormes. Pero también pueden ser la generación que cuide el agua como un bien común, que defienda los bosques, que consuma con responsabilidad y que entienda que el bienestar humano está ligado a la salud del planeta.
¿Qué valores ambientales se aprenden en casa?
Las niñas y niños aprenden observando. Por eso, la educación ambiental comienza con el ejemplo. Conceptos como “cambio climático” o “sostenibilidad” vienen después o por si solos.
Es clave mostrar interés por temas como:
- Respeto por la vida: animales, plantas, ecosistemas.
- Cuidado de los recursos: cerrar la llave, apagar luces, reutilizar.
- Consumo consciente: comprar solo lo necesario
- Hacer comunidad y fortalecer la esperanza colectiva
Apostar por la niñez y por el planeta no son caminos separados. Con más inversión en educación, salud pública, y con una protección ambiental real y no solo de escritorio, es posible cambiar el rumbo.Lo que se plantea hoy definirá no solo qué mundo heredarán las infancias, sino qué infancias heredará el mundo.
Juntos podemos lograr grandes cambios.
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