La presidenta Claudia Sheinbaum se refirió el miércoles de esta semana en su mañanera oficial al tema del llamado “fracking”, o fractura hidráulica, como algo “que está en estudio todavía”. No obstante, el simple hecho de informar que un “grupo de expertos” evaluará si es factible producir “gas no convencional con reciclaje de agua” con “otros químicos” para supuestamente evitar impactos ambientales, marca una traición a lo que prometió durante su campaña: continuar con el compromiso de prohibición del fracking como lo hizo su antecesor López Obrador.
Desde la presentación del Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 en agosto del año
pasado y más recientemente en las mañaneras del pueblo, Sheinbaum y su
equipo han insistido en la necesidad de revertir la dependencia al gas fósil, mal
llamado “gas natural”. Enfatizan una y otra vez que el objetivo principal es garantizar la soberanía energética del país, sin embargo no explican la historia completa y reconstruyen el relato a base de eufemismos, mitos y verdades a medias que contrastan con lo dicho el miércoles por la presidenta: “todo va a ser transparente y con aceptación de la comunidad”.
La implementación de cualquier técnica de extracción de “recursos naturales” requiere de una verdadera licencia social sin simulaciones, y de una auténtica verificación de sus métodos de explotación que aseguren o garanticen el cuidado real de la Naturaleza, o mejor dicho, su preservación. Apostar por el fracking es omitir un legado de destrucción territorial, y su consideración resulta inviable bajo cualquier vía. Por eso desde la Alianza Mexicana Contra El Fracking reiteramos: Lo que ya se votó no se consulta: ¡Prohíban el fracking ya!
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