“Suelo protegido” “reserva natural” “impactos colaterales a la biodiversidad” estas frases suelen aparecer en documentos técnicos, diagnósticos y evaluaciones ambientales. Detrás de cada una de estas expresiones hay decisiones que afectan directamente a los ecosistemas, comunidades y la vida en general. En México, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) define al impacto ambiental como la “Modificación del ambiente ocasionada por la acción del hombre o de la naturaleza”. Y esto se refiere desde construir una carretera, hasta levantar un complejo turístico, infraestructura que puede transformar el entorno endémico.

De manera oficial, es la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la que evalúa el impacto que tendrá una obra o construcción sobre el medio ambiente mediante un mecanismo diagnóstico llamado Manifestación de Impacto Ambiental (MIA),  las cuales tienen como objetivo prevenir, mitigar y restaurar los daños al ambiente, así como la regulación de obras o actividades para evitar o reducir sus efectos negativos.Son estudios técnicos-científicos, y son solicitados por las personas (físicas o morales) responsables de las obras.

Las MIA´s pueden ser sobre:

  • Parques industriales y acuícolas, granjas acuícolas de más de 500 hectáreas, carreteras y vías férreas, proyectos de generación de energía nuclear, presas y, en general, proyectos que alteren las cuencas hidrológicas;
  • Obras o actividades que se encuentren incluidas en un plan o programa parcial de desarrollo urbano o de ordenamiento ecológico.
  • Proyectos de obras y actividades que pretendan realizarse en una región ecológica determinada.
  • Proyectos que pretendan desarrollarse en sitios en los que, por su interacción con los diferentes componentes ambientales regionales, se prevean impactos acumulativos, sinérgicos o residuales que pudieran ocasionar la destrucción, el aislamiento o la fragmentación de los ecosistemas.

Su objetivo es:

-Evitar impactos que vulneren o eliminen  la biodiversidad desde un inicio,o sea, desde la concepción misma del proyecto.

-Minimizar/ reducir la duración, intensidad y/o grado de los impactos (directos, indirectos y acumulativos).

-Reparar/ restaurar lo necesario para rehabilitar las zonas impactadas que no pudieron evitarse por completo y/o minimizarse.

-Compensaciones de biodiversidad para compensar los impactos residuales significativos, y debe ser entendida bajo el concepto de equivalencia ecológica, es decir, de igual a igual.

Si no hay MIA´s confiables, la vida peligra.

En el pasado ya hemos denunciado que la ausencia o desacato de las MIA´s, los territorios y sus habitantes quedan desprotegidos. Por ejemplo, el Tramo 5 del Tren Maya comenzó a ser construído sin haber presentado una MIA previa a la Semarnat, donde fauna protegida y/o en peligro de extinción, así como cenotes, cuevas y reservas hidrológicas quedaron gravemente afectadas. Los habitantes de los territorios señalaron la opacidad e impunidad en el actuar de las empresas constructoras e instancias gubernamentales que fueron cómplices de ocasionar afectaciones socioambientales.

Justo ahora, hay otra batalla para defender los ecosistemas y comunidades en la Península de Yucatán: Mahahual,donde la MIAno ha sido verídica en su totalidad ni estudió a fondo los  graves daños ambientales que un megaproyecto turístico como Perfect Day (de la empresa Royal Caribbean) planea construir. 

Se trata de un proyecto que forma parte de un modelo de turismo de cruceros extractivo, intensivo y excluyente, y cuya  llegada masiva y concentrada de visitantes en el territorio implicaría una presión extrema sobre servicios básicos, infraestructuras locales, la vida de las personas  locales y la biodiversidad.

Las MIA´s no son el “enemigo” institucional de las empresas y constructoras como quieren hacernos creer. No es una batalla en contra del progreso o el turismo… simplemente son mecanismos valiosos que la ley ambiental exige  para proteger lo que más debería importarnos: la vida.

Que la vida de animales, plantas, ecosistemas, comunidades no estén en permanente riesgo solo por la codicia de los grandes gigantes corporativos, o bien, por nuestro interés/ deseo de vivir unas vacaciones de ensueño, en un paraíso ficticio.

¡México no es un parque de diversiones!

Evitemos que Mahahual sea destruido.

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