Seguramente haz visto nuestras acciones en Topolobampo, Sinaloa, en el Zócalo de la Ciudad de México, o  escuchado el grito de ¡Aquí No! que ha llevado a todo el país a mirar  la resistencia en contra de la instalación de una planta de amoniaco que se busca imponer en un sitio Ramsar. Esta vez no queremos platicarte sobre las implicaciones negativas del proyecto y todas las formas de vida que pone en peligro. Ahora queremos mirar el lado más luminoso de esta lucha:como se han tejido lazos de resistencia, comunidad y amor.

Juntos contra la amenaza

Hemos tenido el privilegio de trabajar de la mano del Colectivo ¡Aquí No!, uniéndonos a su  lucha por la conservación de la Bahía de Ohuira y el derecho a las comunidades originarias de vivir como siempre han vivido, y lo más importante, en armonía con la Bahía. 

En días pasados, visitamos el campamento que lleva más de 100 días en resistencia pacífica,y que bloquea los accesos directos a las instalaciones de la planta de amoniaco que buscan detener. Un campamento conformado por infancias, madres, padres, jóvenes, personas adultas mayores, gente que ha estado desde el inicio del movimiento allá por el 2013, y gente que se unió apenas unas semanas atrás.

© Gustavo Graf /Greenpeace México

Tuve el privilegio de quedarme a compartir con ellos toda una noche, el día que sumamos nuestras voces  para mandar un mensaje a las autoridades y ciudadanía para detener el falso desarrollo petroquímico en la región. Desde el primer momento que llegamos  la comunidad de Topolobampo, ¡Aquí no! nos recibió con gran cariño. 

¡No a la planta de amoníaco en Topolobampo!

Destruir un ecosistema no es desarrollo.

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Dentro del campamento siempre hay algo que hacer. Ya sea  ayudar en la cocina para preparar las distintas comidas del día para las personas que llegan a hacer guardía;, platicar sobre las estrategias de resistencia que se implementan o se necesitan; leer un libro en la biblioteca comunitaria para pasar el tiempo; o simplemente escuchar las motivaciones de las personas que impulsadas por amor resisten ante el “monstruo de amoniaco”. Cabe resaltar que las compañeras y compañeros del campamento hacen guardias de 24 horas, se organizan por comunidades y se van rolando los turnos  a lo largo de la semana. El cansancio y alejarse de sus hogares no es relevante cuando su vida y la de sus familias está en riesgo inminente, y todo por intereses corporativos e ideas de falso desarrollo que lo único que ponderan son las ganancias económicas  y el extractivismo.

Una colectividad que reconforta

Durante la tarde noche, la música acompaña la resistencia pacífica. La gente se sienta alrededor de los artistas locales y disfrutan de sus cantos y presentaciones. Más tarde, los alimentos empiezan a llegar a las manos de cada persona.  El colectivo fue tan cálido que incluso se preocuparon por prepararme una soya sazonada de una forma muy rica ,al saber que soy vegano.

© Gustavo Graf /Greenpeace México

En una de las varias conversaciones con integrantes del colectivo, escuché  a Luna,  cuyas palabras  me llegaron a lo más profundo de mi corazón. Me contó que “las personas que estaban ahí lo hacen  gracias al amor, gracias a la Bahía, algo que es parte central de la cosmovisión de las comunidades originarias. Si hemos resistido tanto tiempo es gracias a eso, porque las cosas las hacemos desde el amor”. 

Después de estar un par de días acompañando al Colectivo ¡Aquí no!, en su territorio, bajo su organización y sobre todo agradeciendo que nos  compartieron su tiempo, su espacio, sus motivaciones. Me quedo reflexionando: el  amor es el ingrediente clave para la resistencia pacífica, es lo que no les ha dejado vencer  pese a los numerosos intentos  de amenazas, hostigamiento, represión,etc. que por más de 13 años han enfrentado.

© Gustavo Graf /Greenpeace México

Ese amor se ve reflejado en las personas con las que hice guardia por la noche, se ve cuando platican con emoción sobre la actividad de la tarde, cuando conversan  del futuro de las infancias y las generaciones por venir. Incluso lo demuestran al conversar con los guardias que resguardan las instalaciones de la planta en sus cambios de turno, porque saben que la lucha es para toda la comunidad, es por un beneficio colectivo, es para defender y cuidar todas las formas de vida, dentro y fuera de la bahía.

Por ese amor le decimos a Gas y Petroquímica de Occidente ¡Aquí No!  ¡En México no! ¡Protejamos juntos Topolobampo!