El sábado 17 de enero, lo único que se escuchará será el mar, haciendo lo que siempre ha hecho, respirando pacientemente en las costas del mundo, rompiendo sobre sí mismo, como si nada hubiera cambiado. Parecerá una pequeña ola y, en cierto modo, lo será, porque así es como siempre comienzan las mareas más poderosas. Pero ese día, la relación de la humanidad con lo que cubre dos tercios de nuestro planeta cambiará profundamente.
Un movimiento de millones
Durante más de veinte años, la misión de conseguir el Tratado Global por los Océanos reunió a un movimiento global diverso de pueblos indígenas, pescadores artesanales, ONG, activistas, científicos, abogados, músicos, actores, artistas, activistas, políticos, comunidades costeras, marineros, ecologistas, familias, empresas y otras personas que aman y dependen del océano.
Se necesitaron dos décadas desde que se planteó la necesidad de un tratado, incluidos cuatro años de conversaciones formales, para garantizar ese objetivo común, que determinará la salud del planeta Tierra para las generaciones venideras. La alta mar alberga millones de especies y ecosistemas, pero menos del 1% están completamente protegidos. Este tratado global es un paso clave para cumplir esa meta.
Para celebrar este logro extraordinario global, artistas, activistas, pueblos indígenas y comunidades se han unido a Greenpeace para crear arte callejero por los océanos. 13 países de cinco continentes han creado arte callejero vibrante inspirado en la protección de los océanos. Artistas de todo el mundo celebran la entrada en vigor del Tratado, que también marca el comienzo de una cuenta regresiva de cuatro años para proteger el 30 % de los océanos del mundo para 2030, y detener la minería en aguas profundas, antes de que comience.
Murales por los océanos
Aquí algunas muestras de la intervención pictórica en Berlín, Reino Unido, África, Austria y Senegal, respectivamente.
México no fue la excepción, y hoy en el Huerto Roma Verde (CDMX) en compañía de Arrecife Escolar, voluntariado de greenpeace y público asistente, inauguramos el mural itinerante “Revolución azul”, una obra artística de 4 metros de largo que simboliza esperanza, y al mismo tiempo exhorta a los gobiernos de México y el mundo a actuar con rapidez. De acuerdo con Claret Anaya Lechuga, autora del mural: “La obra pone en el centro el daño actual de los océanos, pero también propone un camino hacia la sostenibilidad mediante la acción colectiva y el cambio de modelo económico.”

Lo que comenzó como una ola ahora es una marea, pero perderá su fuerza si los gobiernos de todo el mundo no actúan ahora. Con 60 ratificaciones necesarias (entre ellas la ratificación de México) esta victoria histórica busca su cumplimiento, a través de una serie de obligaciones legales específicas para los países que lo han ratificado. Sin embargo, debe ir acompañado del compromiso de actuar con rapidez, para proteger áreas oceánicas más extensas que continentes enteros, y hacer realidad la creación de los primeros santuarios.
En ese marco Greenpeace México insta al gobierno mexicano —toda vez que ratificó el tratado y se sumó a la moratoria de la minería submarina— a implementar rápidamente el tratado global de los océanos y a mantener una moratoria sobre la minería en aguas profundas para limitar el poder de las corporaciones que han explotado el océano con fines de lucro.


