Detrás de las imágenes de playas perfectas, resorts de lujo y clubes privados, hay realidades que casi nunca salen en la foto. Costos ambientales, sociales y culturales que pagan los ecosistemas y las comunidades que habitan esos territorios. En el marco del Día de la resiliencia del turismo, te invitamos a mirar con atención lo que ocurre en uno de los territorios con más actividad turística, con más biodiversidad, pero uno de los más frágiles de México: la Selva Maya y la costa de Quintana Roo.
El turismo puede ser una actividad positiva cuando respeta los límites del entorno y beneficia a las comunidades locales. Sin embargo, existe otra cara: el turismo depredador. Aquel que prioriza la ganancia rápida por encima de la salud del territorio. Extrae recursos naturales, transforma ecosistemas y concentra beneficios económicos en pocas manos, mientras deja a las comunidades locales con impactos negativos.
En la Península de Yucatán, este modelo se ha vuelto cada vez más visible:
- Hoteles y resorts de lujo construidos sobre selva virgen
- Contaminación de cenotes y del acuífero subterráneo
- Fragmentación de ecosistemas y desplazamiento de fauna
- Sobreexplotación del agua dulce
- Privatización de playas y espacios naturales
Promesas de desarrollo que no llegan a tod@s
Los megaproyectos turísticos suelen llegar acompañados de discursos de progreso, empleo y bienestar. Pero en muchos casos, las comunidades locales no son las principales beneficiadas. En distintos puntos de la Selva Maya, estos proyectos han provocado pérdida de acceso al territorioy a los recursos naturales; empleos precarios y mal pagados; desplazamiento de actividades tradicionales de las poblaciones; exclusión de las comunidades en la toma de decisiones, etc.
Aunque muchas empresas promocionan sus proyectos como “sustentables” o “socialmente responsables”, los impactos acumulados cuentan otra historia.
Mahahual y el nuevo riesgo para la Selva Maya
Hoy, la Selva Maya enfrenta una nueva amenaza: el megaproyecto turístico “Perfect Day” de la empresa de cruceros Royal Caribbean, que planea instalarse en Mahahual, Quintana Roo.
Aunque organizaciones y comunidades locales lograron una suspensión definitiva del proyecto, esta no es una sentencia final. El riesgo sigue latente. Las playas y paraísos privados de hoy, serán los ecosistemas colapsados mañana.
El problema del turismo depredador no es solo ambiental. También es social. Se trata de quién decide, quién gana y quién pierde. Cuando el turismo convierte territorios vivos en parques temáticos, el resultado suele ser el mismo: desigualdad, despojo y precariedad para quienes siempre han habitado esos lugares.
México no necesita más “paraísos” construidos a costa de la Selva Maya. Necesita proteger sus ecosistemas, fortalecer el turismo comunitario y garantizar que las decisiones sobre el territorio se tomen con participación local.
Tú decisión como turista también cuenta
Elegir dónde hospedarse, qué actividades realizar y qué empresas apoyar también es una forma de acción.
Pregúntate:
- ¿Consume más recursos de los que el ecosistema puede soportar?
- ¿Este proyecto respeta el entorno natural?
- ¿Beneficia realmente a la comunidad local?
Elige bien dónde vacacionar. No seas su cómplice.
La Selva Maya no es un parque de diversiones. Es uno de los ecosistemas más importantes de México y del continente. Cuidarla es una responsabilidad colectiva.


