Por: Dayro de la Fuente / Coordinador de voluntarios México
Cuando uno va a Veracruz, espera encontrar el mar como lo conocemos: abierto, vivo y en movimiento. Pero esta vez se sentía distinto.
Parte del equipo que conformamos Greenpeace México acudimos a Pajapan, Veracruz en la semana del 21 al 26 de marzo, para documentar el daño ocasionado por el derrame de hidrocarburos que inició desde febrero del 2026.
No estaba preparado para un sentimiento que el mar nunca me había hecho experimentar. Había algo en el aire, en la orilla, en la forma en que el paisaje se sostenía en silencio. El mar, que normalmente habla con fuerza, parecía contenido. Como si estuviera resistiendo algo que no debería estar ahí.

El océano no es un recurso: es vida
Durante años hemos normalizado que el océano está ahí para usarse, como un recurso más, ignorando que es un ecosistema finito del cual depende la vida en todo el planeta. Es un cuerpo vivo, produce más del 50% del oxígeno que respiramos, regula el clima al absorber calor y carbono, y es fuente de alimento, salud y sustento económico para cientos de comunidades.
Lo que ocurre en el mar atraviesa todas las formas de vida. Un derrame de petróleo no es un error aislado. Es la consecuencia de un modelo que sigue apostando por combustibles fósiles. Un modelo que prioriza el valor económico sobre la vida. Recuerdo estar en la orilla, viendo como cada lugar en la playa tenía sedimentos de hidrocarburo, sí, ¡no había un sólo lugar que no estuviera en la misma situación!, caminar por la arena aunque fueran un par de minutos dejaba en tus botas plastas obscuras difíciles de quitar.
A unos metros, personas intentaban limpiar con lo que tenían a la mano. Sin equipo, sin protección, pero con toda el alma. Solo con la urgencia de quien sabe que si no lo hace, nadie más lo hará a tiempo.
El mar deja de ser sustento y se convierte en preocupación constante. Lo que antes era certeza, ahora es duda. No hay turistas, no hay venta, no hay claridad sobre cuándo va a terminar esto.
Y hay algo profundamente injusto: quienes menos responsabilidad tienen, son quienes enfrentan las consecuencias más duras.

Cada derrame nos recuerda algo incómodo: esto es evitable.Es el resultado de seguir sosteniendo un modelo energético que prioriza la extracción sobre la vida, la ganancia sobre el cuidado y la inmediatez sobre el futuro.
Hablar de transición energética no es una idea abstracta.Es hablar de responsabilidad. Es hablar de poner a las personas al centro.De construir un modelo que no sacrifique territorios ni comunidades.
Hay momentos que incomodan porque nos obligan a posicionarnos. Este es uno de ellos. El mar no necesita más diagnósticos. Necesita decisiones.
Es momento de reflexionar sobre lo que hemos decidido permitir, y de lo que todavía estamos a tiempo de cambiar.


