Las ballenas, mamíferos majestuosos que nos impresionan por sus dimensiones, inteligencia y por ser aliadas del cambio climático. ¿Sabías que sus heces ricas en hierro, nitrógeno y otros nutrientes, actúan como fertilizante, aumentando la productividad de pequeñas algas conocidas como fitoplancton?
En el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines te pláticamos a qué peligros se enfrentan y cómo poder ayudarlas.

Se estima que cada año, aproximadamente 20 mil ballenas grises y seis mil jorobadas migran a las costas del Pacífico mexicano y las Islas Revillagigedo, donde encuentran sitios propicios para aparearse. De acuerdo con la UNAM, a través de su ciclo migratorio,optimizan los procesos de alimentación y reproducción.En el verano se trasladan a regiones de latitudes subpolares para alimentarse; y durante el invierno van a regiones más cálidas, como las costas mexicanas: Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, e incluso llegan hasta Centroamérica.
En peligro por el tráfico marino y la industria fósil
Entre las amenazas más insidiosas para las ballenas se encuentran las colisiones directas con embarcaciones, un problema que afecta gravemente a las poblaciones de cetáceos en todo el mundo.
De hecho, cientificos documentaron de manera gráfica el impacto que tienen las grandes embarcaciones sobre las ballenas. A través de un rastreo satelital de algunas ballenas de la Patagonia Norte de Chile, lograron hacer una visualización de su ruta de desplazamiento, donde se mostró como una ballena azul intentando alimentarse se encuentra en medio del asedio de cientos de embarcaciones que transitan por el Golfo de Ancud, Chile.
La industria fósil por medio de los gasoductos y/o pozos petroleros impacta la vida de las ballenas, pues les desvía de sus rutas de crianza, las pone en peligro directo ante buques e infraestructura de la industria, y afecta su suministro de alimento, pues alteran los ecosistemas y con ello, la cadena trófica de la que dependen las ballenas para su subsistencia
Minería submarina que les impide el paso y daña sus sentidos
Ya te contamos en un blog anterior, que Trump emitió en abril de 2025 una orden ejecutiva que instruye a su Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) a facilitar permisos de minería submarina a empresas estadounidenses como The Metals Company. Esto se traduce directamente en invadir y afectar la Reserva de la Biosfera del Pacífico Mexicano Profundo y del Parque Nacional Revillagigedo, Patrimonio Natural de la Humanidad, y lastima directamente a diversas especies ya que también la mineria submarina impide su transito y dañan sus sentidos.

En esta zona atraviesan distintas especies, que de llevarse a cabo la minería submarina, el paso migratorio de tortugas y ballenas jorobadas se vería afectado.
El ruido y la luz artificial de las operaciones mineras interrumpirían la comunicación y el comportamiento de cetáceos y otras especies migratorias. Minar en esta zona, pone en grave riesgo los ecosistemas de esa región.
Plásticos, cambio climático, caza
El cambio climático afecta a los ecosistemas oceánicos al fluctuar la temperatura de los mares, lo cual impacta en las cadenas alimenticias en cuanto a la cantidad y diversidad de especies porque provoca su dispersión. Las ballenas pueden enfrentar la escasez de alimento por no hallar suficiente cantidad de las especies que consumen habitualmente o no encontrarlas en las áreas a las que en general asisten para alimentarse.

Y según información de nuestros colegas de Colombia, más de la mitad de las especies de ballenas y delfines han ingerido plástico, además de que la investigación dice que los atrapamientos en basuras marinas suponen una de las causas principales de muerte, específicamente de la ballena del ártico.
Aunque la captura de estos cetáceos está prohibida desde 1986, cuando entró en vigencia una moratoria mundial sobre la caza de ballenas. Distintos países como Japón, Islandia y Noruega continuaron captúrandolas.
No hay proyecto, industria o progreso que valga la desaparición de las ballenas de aguas mexicanas. Mucho menos los que agravan la crisis climática con las emisiones o contaminación que provocan.


